"El liberalismo de Juárez y Sarmiento y los neoliberalismos"
Conferencia Magistral del Congreso de SCOLAS, Morelia, 15 Mar 2002
Katra, William
I. Otra vez México patrocina una importante reunión de los críticos de la globalización. En 1996 se vio el "Encuentro Internacional contra el neoliberalismo y por la Humanidad," patrocinado por el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional. Ayer y hoy tiene lugar el "Foro global de la Sociedad civil" en Monterrey que reúne críticos de las practicas neoliberales del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial.
Cómo historiador, me he preguntado, ¿Cómo es que los neoliberales han logrado dar tan mala fama a la a veces gloriosa tradición liberal? Hoy, quisiera investigar con Ustedes el cambio que se ha operado en el significado de la palabra "liberal."
Abrazo la misión radical del docente o del investigador que es aclarar las cosas--llegar a las raíces. Quisiera intentar restaurar significaciones claras a los signos, combatir contra las fuerzas que nos inundan en un nuevo mundo de relatividades semánticas.
El liberalismo tiene una larga historia, originando con el pensamiento de la ilustración, el Siglo de las Luces. El pensamiento liberal da valor supremo a la Razón, especialmente para combatir contra supersticiones y miedos irracionales. Enseña al hombre a respetar la dignidad de cada ser humano. Le lleva a luchar contra instituciones que actúan para impedir la autorealización de cada ciudadano. Aclama la democracia, el constitucionalismo, y los derechos individuales. Estima la elevación moral y el progreso material. Abraza la tecnología y la ciencia como armas para domar la naturaleza. Lucha por la libertad en el pensamiento, en la asociación, y en el mercado. Y proclama la existencia de un tejido universal vinculando todas sociedades. El liberalismo, entonces como hoy, es una gran promesa que, dondequiera que uno este, solo en parte se ha realizado.
Esta fuerza tan fértil que llamamos el liberalismo tiene una historia gloriosa en la América Latina. Primero aparecieron los pensadores solitarios que se inspiraron en los escritos y los nuevos adelantos de los países de la Europa del Norte. Luego se vieron las reformas borbónicas a fines del siglo XVIII: la lenta reorganización desde arriba de la sociedad colonial. Luego el periodo de la Independencia, con los grandes hacedores en la Argentina--Belgrano y San Martín--y en México--Hidalgo, Morelos, y cuantos otros. Siguiendo, llego el período de la pos-independencia, con los intentos de concretizar ideales liberales en nuevas instituciones: la Constitución mexicana de 1824, los escritos fértiles de José María Luis Mora, y las administraciones progresistas de Bernardino Rivadavia en la Argentina.
Siguiendo este fue el periodo de la reacción, con las guerras civiles que traumatizaron las sociedades con ola tras ola de violencia. En la Argentina subió al poder Juan Manuel de Rosas, llamado el "Restaurador de las leyes" por razón de las medidas fuertes que uso para imponer la paz. En México se vio el imperio de lturbide. Estos dos regímenes deshicieron muchas de las reformas liberales al tratar de volver a la tranquilidad del orden colonial. Luego México vio la presencia de Santa Anna en el poder- - la trágica representación de la sociedad que rehusaba transformarse.
Esta época vio la juventud de Domingo F. Sarmiento y Benito Juárez, quienes en su primera madurez se nutrieron intelectualmente de las ideas liberales abogadas por la previa generación. Ambos llegaron a la vida publica luchando contra lo que tomaban como los resguardas del caduco régimen colonial. Ambos estaban comprometidos a la tarea--la vieron claramente como la misión de su generación, la de transformar las bellas ideas liberales en programas viables, en instituciones permanentes.
Sufrieron temprano por sus convicciones. Sarmiento estuvo exilado en Chile entre 1842 y 1852. Juárez paso dos años de exilio en Nueva Orleans a partir de 1854. Estos anos de penuria tuvieron un lado positivo: los dos hombres se hicieron amigos con otros activistas, igualmente inspirados en el ideario liberal, que llegarían a ser sus colaboradores mas comprometidos.
Luego los dos volvieron a sus respectivas patrias-- las vieron como un campo abierto para la acción. Estaban conscientes que el momento oportuno había llegado para implementar su programa liberal. Pero nunca sin conflicto y resistencia. Los dos eran las personas indicadas para el momento: eran resistentes y constantes. Eran luchadores.
Los casos de México y la Argentina nos dan un gran contraste. México, hacía 1840, tenia una población principalmente de gente indígena, gozaba de una economía y una cultura fuertemente enraizadas en las practicas de la colonia, y --por factores principalmente geográficos--estaba en gran parte aislado de los grandes cambios ocurriendo en otros lugares. La situación de la Argentina era sumamente distinta: era una tierra destinada a grandes modificaciones debido a la presencia de una población inmigratoria activa, sus débiles lazos con el pasado colonias, y una geografía que invitaba las influencias europeas en todos aspectos de la vida. Por razón de estos fuertes contrastes, es de entender que los respectivos lideres de estos dos países, aun al haberse inspirado en ideas semejantes, llegarían a formular e implementar programas liberales divergentes.
II. Las promesas idealistas del liberalismo.
Ambos Juárez (nacido en 1806) y Sarmiento (nacido en 1811) estaban atraídos al credo liberal por su promesa de modernacion y democracia. El origen de ambos Juárez y Sarmiento en regiones apartadas y atrasadas explica en parte su fuerte condenación a la herencia colonial y española en sus propias tierras. También explica él porque los dos hombres jóvenes idealizaron las experiencias revolucionarias de Francia y Estados Unidos: la promesa de la soberanía popular, el constitucionalismo, y la protección para derechos individuales ante el Estado.
El liberalismo de Juárez y Sarmiento, cuando jóvenes, era una doctrina de grandes ideales. En los pocos escritos existentes--Juárez no era tan prolífico como Sarmiento en dejar un testimonio escrito de sus ideas y actos--Juárez deja rastros de su fuerte odio hacia las clases privilegiadas y su apoyo para los de abajo. En Notas para mis hijos-- probablemente escrito en 1857--sugiere las fuertes pasiones detrás de su agenda liberal como hombre de estado.
Estos golpes que sufrí en 1834 como un joven juez de la Corte Estatal de Justicia y que veía sufrir casi diariamente a los desvalidos que se quejaban contra las arbitrariedades de las clases privilegiadas en consorcio con la autoridad civil, me demostraron de bulto que la sociedad jamas seria feliz con la existencia de aquellas y de su alianza con los poderes públicos y me afirmaron en mi propósito de trabajar constantemente para destruir el poder funesto de las clases privilegiadas. As¡ lo hice en la parte que pude y así lo haría el partido liberal . . . (Juárez, 239).
En su segunda inauguración como gobernador del Estado de Oaxaca-- 1849--Juárez dejo en términos claros como estas convicciones sociales le guiarían en su quehacer corno servidor publico:
Soy hijo del pueblo, y no lo voy a olvidar; al contrario, voy a defender sus derechos, voy a hacer lo posible para que el pobre se eduque, que se eleve socialmente, que tenga futuro, que deje atrás la vida de desorden, vicio y miseria... (Smart, p. 90).
En ningún momento se debe dudar de la sinceridad de estas palabras. Durante toda la larga y peleada campana liberal en contra del clero y para la nacionalización de los bienes eclesiásticos, Juárez tenia como blanco principal el de mejorar la suerte del pobre.
Estos valores íntimos de Juárez en pro del indio y del pobre--la gente de su propia extracción--se comparan en gran parte con los de la flamante Generación argentina de 1837. Eran hijos de los burgueses que encabezaron la revolución de 1810 contra el dominio español. En su niñez muchos de ellos fueron testigos de las violentas luchas entre unitarios y federales, o entre los defensores de ideales europeizantes, urbanos, liberales y los defensores de la tradición hispánica. Durante la década del 30, varios de estos futuros militantes siguieron estudios universitarios en Buenos Aires mientras el gobierno liderado por el hombre fuerte Juan Manuel de Rosas recurría progresivamente a la demagogia, la coerción y el terror para mantener su autoridad.
El ano 1837 señala la asociación formal del grupo en ocasión de sus reuniones en el Salón Literario. Poco tiempo después comenzaron las actividades clandestinas bajo la bandera de Asociación de Mayo. Durante varios años la mayoría de ellos, incluyendo Sarmiento, organizaron una oposición política a Rosas desde el exilio en Chile y Uruguay, y a la vez llevaron a cabo una campana política e ideológica por medio de la prensa. En esta época defendían una propuesta que apoyaba un gobierno republicano, el libre comercio, libertades individuales tales como la de palabra y de reunión y, sobre todo, el progreso material.
En muchos de sus escritos de esta época, atacaron las practicas del régimen rosista y promovían las ideas liberales que servirían para mejorar la situación de la población mayoritaria de su región: Bajo Rosas, se ha proclamado la igualdad, y ha reinado la desigualdad más espantosa: se ha gritado libertad y ella solo ha existido para un cierto numero; se han dictado leyes, y estas solo han protegido al poderoso. Para el pobre no hay leyes, ni justicia, ni derechos individuales, sino violencia, sable, persecuciones, injusticias (Katra, p. 63, cita a Echeverría).
Pero a pesar de estos fines nombres que se asemejan a los de Juárez, siempre hubo en Sarmiento una gran ambigüedad. Por una parte idealizaba al ciudadano común y sonaba en crear programas e instituciones para elevar las capas mas bajas de la sociedad. Pero por otra parte tenemos que ver este objetivo contra el trasfondo de un fuerte racismo, no solo de el sino de casi todos de su (de otro modo) inspirada generación. A causa de las sangrientas luchas que atestiguaron en su juventud, ellos sintieron el desagrado, temor y aun odio frente a la población mayoritaria de las provincias, mestizos que eran producto de la mezcla de razas. Al mismo tiempo, una larga historia de las sangrientas luchas en la frontera explica el concepto altamente negativo que sostenían con respecto a las poblaciones indígenas de la Argentina. El dualismo esquemático de civilización barbarie de Sarmiento expresaba de manera explícita el eje fundamental del pensamiento de su generación sobre este tema. Vieron claramente que su lucha principal era llevar la contraria al americanismo reaccionario de Rosas. Solo lo podría vencer transformando las instituciones y los valores de la Argentina según los criterios de la civilización europea. La idea de Sarmiento, compartida por la mayoría de los jóvenes militantes, era que la población, las costumbres y el comercio europeo representaban la clave del futuro de la región. A mediados de la década del 50 y más adelante, estos individuos permanecerían unidos alrededor de la convicción sobre le papel fundamentalmente positivo que desempeñaban las influencias europeas en el proyecto civilizatorio del país. Sostuvieron que "la América civilizada" equivalía a "la Europa establecida en América" (Katra, p. 136, cita a Alberdi).
III. Las ideas llevadas a la acción.
Juárez, hasta 1853 (después de su primer periodo de gobernador)-- tenia la reputación de ser líder "inofensivo," "seguro," e incluso "mediocre" (Roeder, 1, 82, 103, 104). Pero aun así, gozaba de una reputación como buen administrador. Había ganado el respeto casi universal en su estado al fundar escuelas y abrir oportunidades educativas para ambos sexos, especialmente en los distritos rurales. Hizo lo posible para mejorar el sistema judicial para defender al pobre tanto al rico. La otra gran hazaña de Juárez como gobernador (similar a su contrapartida en Argentina, Sarmiento), había sido promover las obras publicas. En particular, encauso los escasos recursos del estado para mejorar el transporte y construir caminos. Esta era --según su manera de pensar--el camino más fructífero para combatir la pobreza: las oportunidades para el hombre trabajador se multiplicaban cuando el estado facilitaba el comercio y estimulaba la producción local. Al decir esto, se debe hacer una aclaración importante. A pesar de su odio para las caducas fuerzas sociales responsables por la pobreza de las mayodas, Juárez todavía no se lanzo a un programa revolucionario--todavía no. Estaba contento de trabajar con los poderes existentes para mejorar la situación de todos. De ninguna manera su nombre en ese periodo llevaba "amenaza revolucionaria" (Roeder, 1, 103).
Sin embargo, esto cambiaría en parte en la próxima década, cuando México experimento transformaciones traumáticas. La guerra con Estados Unidos, la perdida de casi la mitad del territorio nacional, el golpe de estado por fuerzas conservadoras en 1853, el sufrido exilio de Juárez, Ocampo, y otros en Nueva Orleans, la caída de Santa Anna y el nuevo gobierno liberal en 1855--en el cual Juárez llevaba los portafolios de Ministro de Justicia y Educación Publica. En ese momento cuando el gobierno progresivo de Confort estaba acosado por todos lados, ellos decidieron llevar a cabo un programa aun más profundo con la Ley Juárez, pronto seguida por la Ley Lerdo. El efecto de la primera era afirmar la igualdad para todos ante la ley, al terminar con la inmunidad de oficiales militares y eclesiásticos, y al eliminar las cortes o leyes especiales para las clases privilegiadas. El efecto de la segunda--la Ley Lerdo--era disolver los monopolios más grandes del país al forzar a la Iglesia a deshacerse de sus vastas propiedades. Estas dos leyes llegarían a ser la base fundamental para la Constitución de 1857--la hazaña más grande de la Reforma--que tuvo como intento--pero no como resultado--atacar la estructura podrida de abusos y privilegios en el país (Roeder, 1, 123).
Luego vendrá el periodo más difícil --y por eso más glorioso--de la carrera publica de Juárez, un periodo de extrema emergencia cuando Juárez encabezo el gobierno mexicano, desde 1858 hasta 1872. El observador imparcial de estos turbulentos anos en la historia mexicana estará humillado ante la enorme contribución del zapoteco en defender la dignidad e integridad de la patria mexicana a través de esos anos de guerra civil, ocupación imperialista, escasez de fondos públicos, traiciones, y toda clase de privaciones y sacrificios de parte del primer mandatario y su familia. Por años enteros ejerció las responsabilidades de presidente en condiciones que exigían una mano fuerte, sino dictatorial. Durante sus catorce anos en el poder, el pueblo no gozo mas de unos meses de paz.
La primera exigencia del gobierno era sobrevivir. Pagar a sus ministros y a los pocos empleados públicos. Dar de comer a los soldados y proveerles armas suficientes para seguir batallando contra los conservadores y luego los franceses.
A pesar de estas casi sobrehumanas contribuciones de Juárez al Estado Mexicano, los historiadores no han sido siempre benévolos al considerar la totalidad de su contribución. Aquí, no quisiera tratar las múltiples acusaciones--que rehusan desaparecerse, de la supuesta "traición" de Juárez, la de poner en peligro la soberanía del país durante los anos de la guerra civil--1857-1860.1 Basta decir que el estudio detallado del asunto le absolverá en los ojos del observador imparcial, y aun más, le hará brillar mas por su determinación, destreza diplomática y triunfo (Roeder, 1, 262).2
A pesar de la gran hazaña del programa liberal de Juárez, contenía una debilidad significativa. El soporte fundamental de su ideario (antes abogado por Mora y su influencia principal, el teórico francés Constant) era la institución de la propiedad. Los gobernantes, al tomar en cuenta las exigencias de la propiedad, evitaban "teorías quiméricas" y "exageraciones inaplicables," y protegían los intereses de la nación. "Unicamente la propiedad asegura ese bienestar; solo la propiedad hace capaces a los hombres de ejercer los derechos políticos" (Hale, p. 63 cita a Constant).
Por esta razón, se ve en el pensamiento liberal constitucional de esa época ciertas raíces aristocráticas. (En los conservadores esto era aun más severo, por supuesto). Los liberales, con su miedo de volver al desorden de antes, cayeron en contradicciones.
Encabezando la lista de estas contradicciones era la "piedra sillar" del edificio liberal, el mito de la sociedad modernizada constituida de ciudadanos que eran grandes dueños de propiedad privada. (Hale, 231- 40). La ley de 1813--fuertemente influida por las deliberaciones de las Cortes Españolas--definió la dirección de la actuación liberal para el próximo medio-siglo: el programa de enajenar las tierras de comunidades en beneficio de individuos. Según Constant--y luego el mexicano Arriaga-- la "preeminencia moral" del sistema liberal se basaba en la clase de propietarios que dominarían el estado (Hale, p. 63, cita a Mora; Roeder, 1, 128). Se pensaba que al disolver el monopolio de tierra de las grandes corporaciones, se crearía una nueva clase de pequeños propietarios que llegaría a ser el motor de progreso para la sociedad entera (Hale, 184,
238). Según la teoría.
El primer problema de estos programas bien intencionados, era que al poner las tierras amortiguadas a la venta, apenas existía una clase de pequeños propietarios que pudieron comprarlas. Los que si tenían el dinero necesario, eran la clase adinerada, los hacendados. Pues, el resultado irónico--y luego trágico--para el país, es que "los beneficiarios de la desamortizacion y nacionalización de los bienes del clero... y de la fragmentación de propiedades comunales de pueblos fueron los antiguos hacendados" y otros grupos (de la Pena, 138). Quiere decir, las leyes liberales--mas allá del buen propósito de sus autores-- tuvieron el efecto de fortalecer el monopolio y la fuerza estrangulante de la hacienda sobre la sociedad rural.
Ya hemos aludido a la triste situación del indio. Según Hale, la política liberal, quería hacer a todos iguales ante la ley. "Proponía borrar todas distinciones legales en la sociedad, y elevar teóricamente al indio a la categoría universal de "ciudadano"... esta teoría equivalía a ignorar la
base indígena de la sociedad al decir, en efecto, que el indio ya no existía" (Hale, 252). Según la teoría, el indio, estando libre de las trabas corporativas y barreras estatales, estaría libre para progresar naturalmente. Políticamente estas ideas liberales se tradujeron en la lucha del Estado contra las tradiciones y propiedad comunales. Trágicamente, estas bellas teorías tuvieron un resultado muy distinto a su intención. Los liberales no tomaron en cuenta el control casi absoluto que ejercía la hacienda en casi todas esferas de la vida rural; que el indio, por esta y otras razones, no estaría libre para actuar y progresar. Lo triste es que quizás el resultado más importante de las leyes Juárez y Lerdo--y de la Reforma en general--fue "el abrir la posibilidad de reducir drásticamente la economía
de la comunidad indígena hasta llevarla, en los anos sucesivos, a su misma destrucción. A pesar de que dicho objetivo no aparece explícitamente como la intención de la lucha [liberal], los intereses de liberales tanto como de conservadores tendían al mismo propósito. -. " (Belilingeri y Gil, p. 115).
IV. ¿Hubo en el programa de los liberales argentinos un abismo similar entre el intento idealista y los resultados no deseados?
La primera contestación a esta pregunta tiene que enfocarse en la gran hazaña de la generación de Sarmiento--que es muy similar a la de¡ grupo de Juárez -. Son ellos que "hicieron el país." Al subir al poder después de la derrota de¡ tirano Rosas en 1852, los liberales rogaron escribir la nueva constitución, son ellos que implementaron todo un programa de derechos individuales protegido por un sistema de leyes. Fundaron instituciones de educación, promovieron toda clase de innovación tecnológica para mejorar el agro. Son ellos los que pusieron el país en el camino de la modernización. En la década de 1850, ya no predominaba en su pensamiento--ni tampoco en sus acciones--el vago idealismo de antes. No. Habían sufrido personalmente de las violentas pasiones que resultaron de la democracia desenfrenada bajo las primeras administraciones liberales en la época de la Independencia. Habían vivido décadas de caos y guerra civil. Durante su largo exilio en Chile, fueron testigos de un sistema que admiraban: materialmente la sociedad se adelantaba bajo la paz social asegurada por un gobierno semi-despotico.
A la luz de esa experiencia, los de la generación de Sarmiento luego darían prioridad a preservar la paz social para lograr su objetivo principal, el progreso material.
Ahora, con pragmatismo, su "misión esencialmente economice" --tal como la definió la nueva constitución-- tenia como blanco el de fundar instituciones republicanas, atraer una nueva población por medio de la inmigración, establecer caminos de hierro y ver navegados los ríos del país. Hicieron todo lo posible para atraer capitales europeos para modernizar el país. El objetivo de lograr una democracia de bases era secundario- mejor dicho, tenían la convicción de que la democracia política y social resultaría si primero se lograra un nivel mas alto de bienestar material.
La Iglesia, ese gran impedimento para el progreso material de México, nunca constituyo un gran obstáculo para el programa liberal en la Argentina: La Iglesia tenia poco terreno en un país de grandes extensiones sin habitantes, y gozaba relativamente de poco poder en la sociedad. Por eso la nueva Constitución argentina pudo afirmar el papel fundamental de "nuestra religión cristiana" en el desarrollo de la cultura, pero no sanciono ninguna practica religiosa especifica.
Pues, el programa liberal de Sarmiento y su generación dio menos prioridad a la democracia, y máximo énfasis en el progreso material. Como en México, los liberales--principalmente concentrados en la Provincia de Buenos Aires--se confrontaron a mediados de¡ siglo con una tenaz oposición. Por medio de su "conquista" militar de las provincias y la manipulación de la política, pudieron monopolizar el poder político durante la transición difícil hacia una nueva orden social. Controlando el aparato político, fundaron escuelas y promovieron la innovación tecnológica. Construyeron ferrocarriles, hicieron todo lo posible para estimular el comercio con Europa. No hay quien lo dude: sus esfuerzos lograron el resultado intencionado: la Argentina progreso.
Algunos historiadores arguyen que las fuerzas "federalistas" que ofrecieron tan tenaz resistencia a los liberales, sufrieron una derrota tan rápida y tan general precisamente por el hecho de que sus ideas eran retrogradas, pues su momento histórico ya había pasado. El futuro, arguyen los historiadores, pertenecía a los liberales, con sus planes de modernización, con sus proyectos de un porvenir democrático. Después de superar tantos conflictos, el liberalismo en la Argentina logro tanto y en tan poco tiempo--a diferencia de México--por razón de algunos factores básicos: la proximidad de sus poblados principales al mar, la accesibilidad del comercio exterior, y--por consecuencia--la receptividad hacia las ideas nuevas, la tecnología y las costumbres de los paises desarrollados del hemisferio norte. Todo esto, en su turno, contribuyo a atraer al país millares de inmigrantes trabajadores y receptibles a las nuevas ideas.
Sarmiento y su generación pudieron laborar con estas grandes ventajas. Su modelo de desarrollo favorecía el interés de la oligarquía ganadera, al estimular exportaciones y abrir los mercados del país para las importaciones de productos elaborados en las fabricas de Europa. Con este modelo dependiste, lograron la modernización--pero de una forma distorsionada. Llegando a 1880, las tenaces luchas de tres décadas antes se quedaban al olvido. Casi todos en la Argentina participaban en una gran prosperidad.
Al volver a Sarmiento, pese a su condena teórica de¡ gaucho y el mestizo, y las medidas militares decididas contra los rebeldes paisanos y trabajadores rurales, no ceso de promover un tipo de progreso social e institucional que beneficiaria precisamente a esos grupos. Mucho crédito se debe a Sarmiento durante su presidencia (1868-1874). Lucho sin tregua, aunque con éxito relativo--y frente a la tenaz oposición de otros liberales ahora entregados al privilegio. Lucho para que la población mediana y pobre pudiera llegar a ser dueña de una pequeña propiedad y realizar un nivel digno de prosperidad.
El Presidente Sarmiento, al tratar de llevar a cabo reformas "liberales," tuvo entre sus más feroces opositores los lideres del ya establecido Partido Liberal en la Argentina. Esta aparente contradicción se explica por la dicotomía (y a veces conflicto), tanto en el liberalismo teórico como en su practica, entre su deseo para un Estado suficientemente fuerte para lograr cambios significativos y su persuasión filosófica que ascendía "la libertad" por encima de todos los otros valores.
Esta ultima posición, en el campo economice, se conoce como el laissez faire. Es la fuerte defensa del libre comercio, del derecho del productor, comprador, o vendedor para actuar en el mercado con un mínimo de trabas o regulaciones. Es la oposición a cualquier forma de activismo estatal que impidiera una evolución "natural" o "libre" de las fuerzas economices. Según esta teoría, la sociedad progresa en la manera más favorable para la mayoría de sus ciudadanos cuando permite el libre ejercicio del conjunto de diversos intereses economices.
Hemos visto ya en el caso de los liberales mexicanos que su defensa del laissez-faire les llevaron a atacar con aplomo a las corporaciones, pero dejaron intacta una amenaza aun más grande, la hacienda (Hale, 239). Similar fue el caso de los liberales argentinos, cuando su credo liberal les llevo a juntarse políticamente con los latifundistas ganaderos de la
Provincia de Buenos Aires. Como resultado, a los treinta anos en el poder, el Partido Liberal había llegado a ser el partido del privilegio. Era el brazo político de la oligarquía. Su programa era: la protección del Estado para la propiedad privada y garantías para un libre comercio sin traba alguna, la consolidación de un Estado central con su capital en Buenos Aires y el firme control político del país por parte de una clase social que reunía a elementos patricios y aristocráticos (Katra 336, cita a Botana).
Pues, el liberalismo llego a ser doctrina ideológica que apoyaba el privilegio. En la Argentina, los liberales eran los conservadores. No hay contradicción en afirmar esto.
Sarmiento, durante su presidencia, encontró su; mayor oposición en algunos de sus antiguos colegas del Partido Liberal. Vivió con agonía las paradojas del credo liberal que le había guiado en su larga y fructífera carrera publica. Se regocijaba al celebrar el triunfo del liberalismo al extender los derechos y las oportunidades a cada vez mas grupos sociales; pero sufría al ver como el liberalismo había también cimentado el privilegio. Durante toda su carrera publica, había buscado caminos legales para disminuir el poder de los latifundistas ganaderos; habia luchado para formar un Estado fuerte que pudiera fundar escuelas, construir ferrocarriles, y estimular la industria; lucho por un estado que pudiera promover la inmigración europea y operar una división de las tierras fiscales para los pequeños intereses agrícolas. Ante las demandas de otros liberales para el absoluto laissez faire en la economía del país, Sarmiento arguyo por aranceles que pudieran proteger la naciente industria nacional.
V. En conclusión, vemos un gran aporte de los liberales en ambos
México y Argentina al defender los derechos del individuo y al institucionalizar un gobierno regido por la ley y una constitución. Tuvieron cierto éxito en abrir sus respectivos países para el progreso, los mexicanos en sus actos para destruir el poderío y la influencia de una opresiva Iglesia; y los argentinos en abrir el país a ideas progresivas y a una inmigración trabajadora. En el campo económico, no hay duda de que los liberales pusieron sus respectivos países en el camino para el progreso, pero con un triste resultado no siempre intencionado- su tenaz defensa de practicas relacionadas con el laissez-Latm les llevo a fortalecer los grupos privilegiados. En resumen, las palabras que el mexicano Guillermo Prieto ha dicho: "La especialidad de los Liberales es su talento para escribir los prefacios; mientras sus obras se quedan incompletas, sus prefacios son divinos. . ." (citado por Roeder, 162).
VI. Me queda poco tiempo para hablar sobre el neoliberalismo, pues voy a limitarme a hacer solo algunas observaciones.
El neo--quiere decir, "nuevo" --liberalismo adquiere su definición mas del contexto argentino que del mexicano. Retoma la posición del Partido Liberal que se unió a la clase oligárquica y que se opuso a las luchas de Sarmiento para extender los derechos democráticos a todo ciudadano. Por eso, los defensores del neoliberalismo hacen el sordo ante la gran contribución de ambos Juárez y Sarmiento en fundar estados fuertes con gobiernos regidos por constituciones republicanas que, entre otras cosas, defienden los derechos individuales.
Los neoliberales ignoran como los liberales de hace un siglo y medio defendieron al pobre--en el caso de Juárez--o buscaron maneras para que los de abajo pudieran progresar materialmente--en el caso de Sarmiento.
Ignoran la gran obra educativa de ambos Sarmiento y Juárez para elevar a todo ciudadano, para educar al soberano en las practicas de la vida democrática.
Los neoliberales, en su programa económico, siguen los patrones del Partido Liberal en la Argentina, al proponer la apertura (desventajosa) de los mercados de los países menos desarrollados, la privatización (casi siempre corrupta) de casi todo imaginable, el desmantelamiento de los sectores y programas sociales y la reducción (al absurdo) de las políticas de bienestar.
Y, por ultimo, los neoliberales de estos países menos desarrollados ponen al lado una de las máximas contribuciones de Juárez y Sarmiento-- la construcción de un Estado potente para moderar entre fuertes intereses domesticas y resistir presiones ajenas.
Los liberales del siglo XIX tuvieron sus defectos, su credo tuvo sus contradicciones, y su acción no siempre les dio resultado intencionado. Pero hay algo que ningún neoliberal puede borrar, que ninguna falsa erudición puede oscurecer. Esto es la suprema lección de moral cívica, la profunda devoción a la patria que vemos en la carrera de ambos Domingo F. Sarmiento y Benito Juárez, liberales por excelencia.