SARMIENTO UNIVERSITARIO
por la Dra. VENUS CAMINOA
La evocación de un Sarmiento formalmente universitario llama a sus detractores a un convite desdeñoso o a los vanos sarmientinos a cierta discreta indulgencia.El "Doctor de Michigan", designación usada despectivamente para burlarse de Sarmiento, encubría, en su tiempo, la envidia intelectual y el odio político.Hay en su título doctoral de la Universidad de Ann Arbor, Estado de Michigan, E.E.U.U. recibido solemnemente de manos del Presidente de la Institución Dr. Ofis Haven en 1868, en recompensa por su honrosa actividad intelectual, "mucho que envidiar y de qué felicitarse como argentinos" según la pública defensa de Bartolito Mitre que cubrió su identidad con el seudónimo de Claudio Caballero.
Acceder a un título académico sólo requiere voluntad y esfuerzo durante un tiempo acotado. Para llegar a un genuino doctorado "Honoris causa" es ineludible el tránsito descollante por toda una vida para merecerlo.El apego al enero relumbrón fatuo de los diplomas, suele ser arrogante frente al talento de la autodidaxia."Ese autodidacto no podía enseñar nada a la gente culta del momento" fue la pretensión lapidaria de J. Pelaez y Tapia al referirse en Chile al inmigrante Sarmiento que incordiaba desde "El Mercurio".
Pero a despecho de la ausencia de certificaciones registrales, por Decreto de¡ 20 de enero de 1842, el Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública D. Manuel Montt, nombra a Sarmiento, Director de la Escuela Normal creada dos días antes y en junio de 1843 miembro de la Facultad de Filosofía y Humanidades, cuyo rectorado ejerce Andrés Bello. Y ya tenemos a Sarmiento universitario incorporado a la enseñanza oficial, mucho antes de que los claustros del norte, dieran cumplida reparación a sus frustrados intentos de cursar estudios sistematizados.En un gesto del más encumbrado señorío, el Rector Bello, le encarga inmediatamente un informe sobre la situación de la ortografía de la lengua española y un proyecto de reforma.Bello y Sarmiento hablan polemizado ardorosamente poco más de un año antes, a través de artículos periodísticos que recogían argumentaciones sobre el cuidado del lenguaje. - Sobre el uso del idioma-.
Sarmiento transforma lo que se había iniciado como un ejercicio o ensayo sobre la forma de honrar nuestra lengua (de un tercer comentarista), en un problema político. Entiende que las diferencias idiomáticas entre los distintos pueblos de América y España, son atribuibles al aislamiento de los pueblos y a que la inmensa mayoría no lee. Se rebela contra la tutela Lingüística de los escritores españoles que no siempre están atentos al lenguaje del pueblo y encierran la gramática en moldes ajenos al habla popular. Arremete allí contra la rigidez de los gramáticos. Si confunde lengua con ortografía, no importa. Las dos cosas están aunadas y "lo que quiere ante todo es que el pueblo acceda fácilmente a la cultura". "Los gramáticos son como el Senado conservador, creado para resistir los embates populares, para conservar la rutina y las tradiciones". Se solaza y regodea en la Nación de que "un idioma es la expresión de las ideas de un pueblo..."
Andrés Bello reacciona con severidad y califica como absurdas y arbitrarias las declaraciones de quien habla de soberanía popular en materia idiomática y del papel subalterno que asigna a los gramáticos. En tanto que para Sarmiento "El idioma de un pueblo es el más completo monumento histórico de sus diversas épocas y de las ideas que lo han alimentados para Bello, un purista académico, no hay interés en continuar con la polémica con un hombre que a propósito de la gramática, habla de democracia. Estos antecedentes no complican a los polemistas en ningún encono. Sarmiento no pierde tiempo y en el mes de octubre del mismo año de designación, lee a sus colegas universitarios el resultado de su trabajo. Por lo voluminoso del mismo se imprime para que pueda ser examinado por los demás miembros de la Facultad.
No es posible, ahora, seguir el informe en las minuciosidades del tratamiento de la lengua y el nuevo alfabeto propuesto, que en forma exhaustiva registra Paul Verdevoye en su obra "Domingo Faustino Sarmiento - Educar y Escribir Opinando" - Editorial Plus Ultra. Se logra conciliación con el proyecto de reforma presentado en 1823 por Andrés Bello y García "indicaciones sobre la conveniencia de simplificar y uniformar la ortografía de América'. Por fin Sarmiento y Bello se pronuncian partidarios de la ortografía fonética y la Facultad consagra los "Acuerdos de la Facultad de Filosofía y Humanidades sobre Ortografía", que tiene vigencia popular durante ocho años hasta su derogación expresa por la misma Facultad, atento al desorden que su uso, no obligatorio, ha provocado.
El desafortunado destino de la reforma no oscurece la idea rectora de su restallante intromisión en la renovación de la ortografía. Su objetivo permanente es el fácil acceso del pueblo a la lectura. La educación del soberano tiene en su paso por la Universidad, la intención sagaz de consagrar el ritual de la operatividad de su dogma.La educación popular no debe ser puro prolegómeno. 0 un tesoro de 'la cultura de las catacumbas".La UNIVERSIDAD POPULAR DE PARANA, hace 55 años que se propuso dernocrafizar la educación en el más puro estilo de la pasión sarmienfina.
"No hay nada más hermoso que tener por oricio la propia pasión" Stendhal
por la Dra. VENUS CAMINOA