- CONFERENCIA del Dr. ALBERTO G.R. VIDELA pronunciada el 23/9/93 en la UNIVERSIDAD DEL MUSEO SOCIAL ARGENTINO
San Juan tiene una ejecutoria viril. Debería figurar en su escudo una cadena rota pendiente del brazo robusto de un labrador que empujara la mancera junto a la acequia que da vida a su tierra. La historia más remota del pueblo sanjuanino lo revela constituido por hombres de personalidad acusada hasta la aspereza, con una temprana conciencia social notablemente desarrollada. Se conservan en el archivo de Indias las instrucciones dadas en el siglo XVII a los visitadores reales, en las que se prevenía, para cuando llegaran a San Juan de la Frontera, proceder "Con mucho tiento et celo dada la índole díscola et mal avenida de sus pobladores. No hay duda que esta fisonomía, individual y social ha sido, en parte, determinada por un medio ambiente que solo recompensa el esfuerzo duro y sostenido, por la aglomeración humana en los valles irrigados y la consiguiente subdivisión de la tierra, en tan circunscripto ámbito rural.
De tal marco vital han podido salir figuras de dimensiones extraordinarias como Santa María de Oro, De la Rosa, Del Carril, Rawson, Aberastain, Sarmiento y muchos otros que, en menor grado, han dado a San Juan, en el siglo pasado, la gloria de haber participado preponderantemente en la tarea de la implantación y afianzamiento de las instituciones republicanas. Pero, entre todos ellos Sarmiento se destaca como el más genuino producto del medio social en que nació. Llevaba en sí esa fuerza vital prodigiándose generosamente en contínua acción; había tanto que hacer entonces y tan pocos que pudieran hacer algo.
Primero que nada, escuelas para formar ciudadanos y para movilizar una inmensa riqueza, que nadie aprovechaba; preparar científicos y técnicos, que no los había. De allí nace su precoz vocación magistral, consolidada en el transcurso de toda su vida, dándole fisonomía inconfundible a su actividad de periodista, literato, polemista, político y estadista.
A poco de consolidada la unidad nacional, y no del todo acallada la algazara de las montoneras, las armas de las guerras civiles comenzaron a trocarse en herramientas. El trabajo, estimulado por un creciente aporte de brazos, consecuencia de la correcta interpretación que se dio a la política de puertas abiertas preconizada por la generación romántica e incorporada a la Constitución por gravitación alberdiana. Los sueños de Echeverría y el programa de gobierno que encerraba el apotegma "gobernar es poblar", principiaban a ser algo concreto. Se comienza a descubrir la República Argentina en otra dimensión; ya no se habla sólo de extensión; interesa también la profundidad. Sarmiento está al frente de esta nueva orientación, que toma la actividad de los pioneros, resultando ser San Juan uno de los centros de mayor atracción.
Era menester estar preparados con tiempo. ¿Que sería de esa inmensa riqueza que prometían los cerros y páramos sanjuaninos, sino hubiera quien la beneficiara adecuadamente?. ¿ Cómo se haría, si el uso de la máquina y de la química se desconocía? Surge así, en la mente de Sarmiento, la idea de la creación de un curso de Mineralogía y de Química en San Juan. No había tiempo que perder. Instala el Colegio Preparatorio en 1862 e incluye ambas materias en el plan de estudios. Pero no estaba satisfecho. Desde San Juan clama por ayuda al entonces presidente Mitre exponiéndole sus proyectos. Con ese poder de convicción, que sólo infunde el propio convencimiento, lleva a su ánimo la idea y el Presidente la hace suya; no quiere ser menos y le da más de lo que le había pedido. Por decreto del 9 de diciembre de 1864, se crean cinco colegios nacionales, una de ellos en San Juan, con el excepcional agregado de una clase especial de Mineralogía. Se orienta así la enseñanza en un sentido definida y se conceden por el mismo decreto 20 becas para jóvenes pobres de otras provincias.
Tampoco esto fue bastante para Sarmiento; no sólo había que convencer y ganar a los gobernantes sino, y la más importante, esclarecer y orientar la opinión pública porque sin su apoyo sabía, como buen demócrata, que ninguna institución puede vivir realmente y menos una escuela.
Desde tiempo atrás, con la colaboración de su ministro Valentín Videla, se impuso como programa de gobierno despertar la conciencia minera de los sanjuaninos. Al efecto fundó el Colegio Preparatorio, creó la Diputación y la Inspección de Minas dictando disposiciones reglamentarias para el trabajo minero. Además, fundó "Villa Rickard" en el Tontal, dándole el nombre del mineralogista inglés que lo asesoraba y en la misma Villa puso las bases de la Sociedad Minera de San Juan. En su mensaje a la Legislatura de la Provincia, al inaugurar el período de 1863, vuelve sobre sus tantas veces repetida seguridad de que el porvenir de San Juan está en resolver el problema minero, capacitando a los hombres en la ciencia aplicada a la metalurgia, a la vez que dotándosela de plantas industrializadoras bien montadas ya que ésta sería la única manera de atraer capitales extranjeros, infundiéndoles confianza, y de despertar el entusiasmo por la actividad minera en los trabajadores.
Llegado a la primera magistratura de la Nación, ratifica en mayo de 1869, la clase especial de mineralogía creada en el Colegio Nacional, dispensando de latín y filosofía a las que optaran por aquellos estudios. Sobre la base de este curso de especialización dispuso el presidente Sarmiento, por decreto del 9 de diciembre de 1871, la creación del Departamento de Minería anexo al Colegio Nacional del que se separa definitivamente en 1873. Puede decirse que ha nacido la Escuela de Minas.
Después vinieran los malos tiempos para San Juan. La anarquía política usando el crimen como instrumento de predominio había cobrado la vida del general Benavídez, ex gobernador de la Provincia y en 1872 la del gobernador en ejercicio, Valentín Videla, reduciendo en todos los órdenes, incluso en el minero, las perspectivas de desarrolla y el Departamento de Minería también comenzó a languidecer. En 1876, a raíz del proyecto de refundir en el de San Juan el Departamento de Minería de Catamarca, se discutió en el Senado Nacional la conveniencia de trasladar ambas a Córdoba, por ser un lugar más central, para facilitar el acceso de los estudiantes. En vano se hizo oír la voz de Sarmiento; fue menester la insistencia de la Cámara de Diputados para mantener en San Juan el establecimiento incorporándosele las cátedras necesarias para los estudios de ingeniería civil. Resultó así una escuela de dos carreras destinada a llenar una necesidad sentida por ser la única existente hasta entonces en el país. Funcionó desde 1877, pasando por momentos muy difíciles, en esta nueva etapa de su vida, siempre amenazada de clausura por la escasez de alumnos, retracción atribuible principalmente a aquella amenaza.
En 1891 vuelve la Escuela a formar únicamente ingenieros. Por ley del misma año, señala a tal efecto, un nuevo plan de estudios. Otras modificaciones se introducen en 1893 1897 y 1906. Lo que tanto temía el gran sanjuanino sucedió por fin: la falta de preparación del medio, la insuficiencia de los capitales invertidos y la irracionalidad de los métodos de laboreo, determinaron el fracaso de las explotaciones mineras y el descrédito de nuestros yacimientos.
En lo que coincidían todos los gobiernos nacionales, con unidad de juicio, digno de mejor causa, era en retacearle los recursos necesarios para su eficaz funcionamiento. Con peregrino criterio, se juzgaba la marcha de la Escuela con enfoque comercial, de manera que cada vez que se discutía su presupuesto, se hacía el balance de los ingenieros producidos y su costo unitario. Como es natural, con este modo de encarar el problema, resultó siempre algún perjuicio para el vapuleado Establecimiento y para los que, llevados por su vocación, habían ingresado en él. Mientras abundaban proyectos de reformas y planes de estudios, faltaban instrumentos de precisión y laboratorios.
En 1931 se introduce un nuevo cambio, por decreto del gobierno provisional de la Nación, incorporando a la Escuela de Minas la especialidad de Ingeniería Industrial lo que no se lleva a la práctica íntegramente porque al fundarse la Universidad de Cuyo la Escuela de Minas e Industrial pasó a depender de ésta por decreto del 21/3/39.
Así vivió y padeció la Escuela de Minas. En su pequeñez y aparente debilidad tuvo energía suficiente para sobrevivir a la incomprensión al impulso destructor de la ignorancia y a la pobreza, para servir de testimonio vivo de lo que se puede hacer cuando la visión de la futura grandeza de la Patria impele a trabajar por su materialización. Puede decirse que se cierra entonces el primer cielo de su vida; ciclo heroico, diría yo, porque soportó un asedio mucha más largo que el de Troya y no pudo ser destruida. Los nombres de los héroes se conservan y remito a los interesados en la crónica al Boletín de la Junta de Historia de la Provincia correspondiente al segundo semestre de 1944. Dada la índole de esta exposición me limitaré a dar los nombres de los directores que fueron, sin desconocer la decisiva colaboración que prestaron profesores y alumnos,quienes al pasar por sus claustros hicieran de ella una realidad viviente. Allí está, en primer término, Pedro Alvarez el organizador amigo y colaborador de Sarmiento, director cuando todo faltaba por hacer; prefirió enseñar con amor a imponerse con la vara. Le siguen Emilio Godoy y Estanislao Tello, de probada capacidad científica; Manuel Gregorio Quiroga, egresado de la Escuela y profesor de verdadera vocación; Leopoldo Gómez de Terán, ilustrado ingeniero y diplomático italiano; Manuel José Quiroga, de notoria actuación profesional; José Tarragona; Rogelio Boero; Pascual Sgroso y por fin Carlos F. Macchi, mi querido profesor de matemáticas en el Colegio Nacional. .
El segundo ciclo de vida, comienza con su incorporación a la Universidad Nacional de Cuyo y su posterior elevación a 1a categoría de Facultad con jerarquía universitaria, agrupando bajo su jurisdicción, los institutos afines existentes en 1a Universidad. Como la sede de la Universidad Nacional de Cuyo está en la ciudad de Mendoza y la Facultad de Ingeniería conserva el viejo asiento en la ciudad de San Juan, se han suscitado numerosos conflictos jurisdiccionales, felizmente superados, al fundarse la Universidad Nacional de San Juan, por ley del 30/5/73, según la cual se transfieren a la nueva universidad, entre otros organismos dependientes de la Universidad Nacional de Cuyo, la Facultad de Ingeniería y Ciencias Exactas. Físicas Y Naturales, nuestra vieja Escuela de Minas, que vive así este tercer ciclo de su accidentada vida cumpliendo en paz y con provecho la tarea civilizadora para la que fue creada.
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