- EN LA AUDIENCIA PUBLICA
- del 11 de abril de 2003 en la Legislatura
de la Ciudad Autonoma de Bs.As.DEL
-
- Discurso pronunciado por
- LUIS
VINCENT de URQUIZA
Con la
fuerza que me da la convicción afirmo que no se debería cambiar el nombre de las calles,
porque ellos representan el espíritu de muchos momentos especiales de nuestra ciudad. Hoy
vengo profundamente decepcionado, pues preferiría estar aquí para pedir por la
reconstrucción de mi ciudad. Preferiría señoras y señores estar en esta Audiencia
Pública, para pedirle al señor diputado Mario O´Donnell y a sus colegas de esta
Honorable Legislatura, que se motiven y sean diligentes con la misma pasión que
ponen para cambiar injustamente el nombre de una avenida- se preocupen digo, para
solucionar el problema de la increíble suciedad que se observa en las calles y avenidas,
de la que fuera en épocas mejores, la Reina del Plata, y en la que nuestros sufridos
vecinos de Belgrano y de Palermo, por ejemplo, dejen de pasear en bote por donde deberían
andar en auto.
Pero hoy, debo
confesar con desazón, que estamos ante la presencia de un hecho insólito, raro y
extraño, que afecta no solo a los vecinos de esta ciudad, sino a todos los argentinos:
cambiar el nombre de la Avda. Sarmiento para ponerle Juan Manuel de Rosas. ¡Sin duda,
algo inaudito! El examen de los acontecimientos históricos, de Rosas y de Sarmiento,
vuelven a separarnos hoy, por obra y gracia del señor diputado Mario O´Donnell, cuando
todos creíamos que esta etapa ya estaba superada para dar lugar a hechos más
venturosos...Señoras y señores, no hace falta ser muy lince para darse cuenta que este
despropósito solo servirá para convertir la historia en un alegato.Que según dice el
autor del proyecto, es lo que se desea evitar...Salvo contadas excepciones, la mayoría de
los revisionistas, no han superado la etapa pragmática, y se caracterizan por su
tendencia apologética.El debate introducido por estos seudo-revisionistas, se produjo en
torno a la figura de Rosas que muchos critican por su barbarie, su violencia y su
incapacidad constitucional y otros exaltan por su defensa del territorio argentino, su
habilidad política y el apoyo popular que tuvo. La historia, como se sabe, tiene por
objetivo, conocer el pasado y averiguar la verdad acerca de él. Pero es fácil comprender
que esta finalidad no podrá conseguirse, si los intereses de sector y las ideologías
políticas se anteponen al conocimiento, o si solo se persigue la exaltación o el repudio
del personaje.La historia tiene además, una función educativa.Ella es la que crea y
alimenta el espíritu patriótico, señalando como se formó la nacionalidad, cuáles son
los anhelos, intereses y necesidades que hubo en el pasado y que todavía perduran. Toda
nación es la resultante de su historia, y por lo tanto una hechura de las generaciones
anteriores.El patriotismo, no consiste en ser unitario o federal, en aplaudir a Sarmiento
a Urquiza o abuchear a Rosas, o al revés...
El espíritu nacional exige algo
más que eso: exige la admiración de todo, lo bueno que hubo anteriormente, y el rechazo
de todo lo malo que pudiera haber ocurrido.
Yo no abriré juicios sobre la
actuación en el pasado del tirano Rosas. La crítica, en estos momentos, aunque sea
verdadera, no contribuye a fomentar el patriotismo... porque si nada nos queda del pasado
¿En qué habríamos de apoyarnos...?
Por eso no estoy ahora combatiendo
a Rosas, ni quitándole a sus adeptos el derecho de querer una calle con su nombre..
¿Porqué justamente- habría
de hacerlo yo, cuando mi tío tatarabuelo el Cap. Gral. D. Justo José de Urquiza, quien
después de vencerlo en Caseros, le enviaba a Rosas, que había huido a Inglaterra, dinero
de su bolsillo para ayudarlo en sus gastos.... ¡Así eran los hombres de viejo cuño!
Pero el peligro se presenta, cuando
uno se "enamora" de un personaje y lo convierte en una especie de superhombre
perfecto.
Y esto es lo que ha pasado con los
autores de la ley que hoy solicito se deje sin efecto, nada hay que discutir, nada hay que
reivindicar, pues la historia -sin ambiciones políticas ni de sector- ya lo ha juzgado a
Rosas definitivamente y ha dado su veredicto.
Tanto en política
como en historia, lo deseable sería la mayor aproximación entre los argentinos sobre la
base de la verdad, dejando a un lado las discrepancias naturales, para encontrarnos junto
a comunes anhelos.No pretendo extirpar de raíz toda discusión que por supuesto es
legítima y humana, pero creo que ésta debería estar imbuida de prudencia, de respeto al
adversario y de moderación en los juicios...
Y esto, conciudadanos, es
precisamente, lo que le falta a este engendro que pretende cambiar la denominación de la
avenida Sarmiento. Este proyecto es falaz y está disfrazado con falsas apariencias, tal
como dice el Despacho 2130 presentado por el señor Mario O´Donnell. que paso a citar: (...)
"lo más apropiado es denominar un espacio que tenga relación con la vida y la
actividad de Rosas" (...) ¡Pero si es esta una falacia al mejor
estilo de los sofistas griegos!
¿En la nomenclatura de calles de
nuestra ciudad, se ha buscado esto alguna vez? ¡Nunca!
Señalar, como lo
hace este plan o designio mal concebido por el señor diputado, cuando destaca: "Que
ese mismo espacio debe servir para alentar la unidad de la Nación y saldar viejas
antinomias, y así como hoy conviven en esas plazas y avenidas los monumentos de Rosas,
Sarmiento y de Urquiza, puede existir una arteria con la denominación
propuesta"(...)Esta es la técnica del lobo con piel de oveja!La verdad es
que en la República, se ha reeditado el pasado...Ya estamos otra vez los dos bandos
enfrentados-...De aprobarse esta Ley ¡Se profundizarán las antinomias, en lugar de
afianzarse la unión de los argentinos! Entonces, ¿Por qué en un arranque de sensatez no
se busca una calle, o una avenida, o una plaza, que no tenga nombre; o que pueda ser
desafectada, sin agraviar a Sarmiento -el ilustre y bienamado Maestro de América- ¡Sin
herir el espíritu de la "Reina del Plata", nuestra tan vapuleada ciudad de
Buenos Aires!