EL TROFEO(Con la firma de RICARDO ROJAS transcribimos su capitulo que integra el libro "CAMPAÑA EN EL EJERCITO GRANDE ALIADO DE SUD AMERICA" escrito por DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO,ilustrado por Melgarejo Muñoz, impreso en los Talleres gráficos de Guillermo KRAFT Limitada el 16 de diciembre de 1957)
"El 12 de febrero, nueve días después de la batalla, el Coronel Mitre escribíale a su compatriota Mariano de Sarratea, residente en Chile, dándole alborozada noticia de la victoria, y en esa carta leemos: "Nuestro Sarmiento se ha portado como un heroe" (XLIX, 204)
Al concluir el combate, mientras los Jefes de tropas atendían en el campo sus deberes, Sarmiento adelantóse desde Caseros hasta Palermo, siendo el primero de los vencedores que entró en la casa de Rosas. Nada se sabia de éste aún, y por eso aquel avance fué un nuevo acto de irrazonada audacia, pues ignoraba si allí encontraría resistencia. Recorrió Sarmiento la casa de Patermo, y encontró en ésta una de aquellas banderas de Rosas, que no ostentaban los colores nacionales auténticos, y que entre figuras caprichosas, lucían el "Mueran los salvajes unitarios". La guardó para sí, como si fuera trofeo propio, incurriendo en acto de indisciplina; pero el demiurgo sabía por qué la guardaba. Veinte años más tarde era Presidente de la Nación y, al inaugurar la estatua de Belgrano que hoy se alza en la Plaza de Mayo, pronunció la elocuente oración que se llama el "discurso de la Bandera", en el cual, después de haber descrito, cantado y profetizado nuestra insignia nacional, aludió con amargura a nuestras tiranías y guerras fratricidas y como símbolo de ellas, en aleccionador contraste, opuso a la otra insignia la de Rosas, mostrando un pueblo, ante el estupor de todos, en un gesto dramático y audaz, la bandera de la tiranía, la que el tomó en Palermo, cuando entró vencedor en la casa del tirano. Esta bandera conservase hoy en el Museo Sarmiento de Buenos Aires.
Mientras las fuerzas de Mansilla en la Plaza de Mayo abandonaban la defensa; mientras la ciudad quedaba presa del pánico; mientras las turbas y la tropa vencida entregábanse acéfalas al saqueo, Rosas embarcado desde la noche del 3, emprendía en el "Centaur" la fuga a lnglaterra, su refugio hasta su muerte. Sarmiento, posesionado de la casa del tirano que aterrorizó a la República, fechaba el día 4, sobre la mesa de Rosas, documentos que expedían la partida de defunción de aquel régimen aciago que desde su artículo sobre Chacabuco, en 1841 , combatió él como publicista.
Sobre el mismo lugar de aquella mansión ya demolida, levántase hoy la estatua del boletinero del Ejercito Grande, de quien algunos camaradas se reían, al empezar la azarosa marcha...
Diez años llevaba de predicar contra ese régimen que mantuvo estancada a la sociedad argentina; y prosiguio hasta el fin, con una certidumbre de visionario sobre su victoria final, Y así, ya viejo, pudo Escribir -"No luchamos en vano tantos años contra un tirano, hasta hundirlo bajo la masa de materiales que el estudio, los viajes, el valor, la ciencia, la literatura acumulaban en torno suyo, como se amontona paja para hacer humo al lado de las vizcacheras hasta hacer salir al animal dañino si no se le puede ahogar en su guarida" (S. A. 52) . Llegó a creer que Urquiza con las armas y él con las letras habían sido los debeladores del tirano." (RICARDO ROJAS)