Conferencias del Ing. Horacio C. Reggini

1. Civilización técnica y barbarie política.
2. Sarmiento en Boston.


Comunicación del Ing. Horacio C. Reggini leída en la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación el 7 de mayo de 1998.

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Civilización técnica y barbarie política
por Horacio C. Reggini 

Resumen

La exposición apunta a señalar, a través de un episodio del tiempo de Domingo F. Sarmiento, un caso en que la civilización técnica estuvo al servicio de la barbarie política.

La tecnología no se aplica en un vacío social, independiente de los valores y propósitos que conforman la sociedad, sino que está íntimamente moldeada por las decisiones humanas, sus deseos y sus expectativas. Es vital considerar los usos convenientes y éticos de los medios de comunicación. Las técnicas que usan los medios presentan aspectos positivos y negativos y es de esperar que la humanidad evite atribuirle a la tecnología un matiz apocalíptico a priori. Es cierto que las aplicaciones de las computadoras y de las telecomunicaciones modernas, en algunos casos, desbordan los cauces previstos y, en otros, pueden parecer intrascendentes y sin objetivos valederos. Pero si sabemos orientar -con interioridad y reflexión- la ciencia y la tecnología hacia necesidades fundamentales, sus avances deslumbrantes nos conducirán a resultados cada vez más beneficiosos para la sociedad toda.

Introducción

En esta mi primera exposición académica, deseo reflexionar sobre los usos convenientes y éticos de los medios de comunicación. He de hacerlo con un episodio del tiempo de Domingo F. Sarmiento. Creo adecuado, en esta oportunidad y antes de comenzar, recordar que Leopoldo Lugones -cuyo sitial me honro en ocupar en esta Corporación- nació en 1874, año en el que Sarmiento terminó su presidencia. En 1911 -con motivo de cumplirse el centenario del prócer- Lugones escribió la importante obra Historia de Sarmiento, que comienza con la frase-síntesis "La naturaleza hizo en grande a Sarmiento". También deseo citar -dada mi dedicación a la ciencia y a la tecnología- la afición que el insigne escritor y poeta poseía por esas áreas de la cultura. En 1920 dictó en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, una notable conferencia titulada El tamaño del espacio, donde describió la Teoría de la Relatividad de Einstein. Fue también uno de los precursores de las novelas de ciencia-ficción en la Argentina. A Leopoldo Lugones, mi reconocimiento y memoria

Civilización técnica y barbarie política

Inicio mi presentación utilizando dos palabras claves del vocabulario de Sarmiento: civilización y barbarie, analizadas profundamente en su genial obra Facundo. Las ideas que encierran esos dos conceptos se han dado en todos los tiempos en diversos aspectos de la comunicación.

La tecnología pareciera adquirir a veces una dinámica propia. Es común hacerse la idea de que los caminos que siguen la ciencia y la tecnología en relación con los medios de comunicación están por encima de las personas, sus deseos o sus expectativas. Sin embargo, el desarrollo de esas innovaciones está mucho más íntimamente relacionado con cuestiones políticas, sociales y económicas que con cuestiones meramente técnicas. La tecnología no se aplica en un vacío social, independiente de los valores y propósitos que conforman a la sociedad del momento, sino que está íntimamente marcada por las decisiones humanas.

Es un lugar común decir que las revoluciones devoran a sus líderes porque, una vez puestas en marcha, resulta imposible controlar las fuerzas desatadas y se corre el riesgo de que se vuelvan en contra de quien las liberó. Un ejemplo clásico es el de los revolucionarios franceses Danton y Robespierre, guillotinados finalmente por el régimen de "terror" que ellos mismos habían creado. Quizás podamos considerar esa "verdad" en el terreno de la tecnología. A veces, las maravillas de las aplicaciones de las computadoras y de las telecomunicaciones modernas desbordan los cauces previstos y también pueden parecernos intrascendentes y sin objetivos valederos.

Mientras consultaba las fuentes que me ayudaron en la tarea de escribir el último de mis libros, Sarmiento y las telecomunicaciones. La obsesión del hilo, 1 leí con sumo interés numerosas anécdotas de la vida cotidiana de las telecomunicaciones durante el siglo pasado. Creo que la narración de historias y cuentos -tanto los reales como los fantásticos de las Mil y Una Noches, y ya sean destinados a los adultos o a los niños- son fuente vital de aprendizaje y contribuyen enormemente a la imaginación y a la reflexión. El episodio que sigue guarda relación con lo que mencioné más arriba e ilustra en cierta manera el antagonismo que encierran los dos términos que empleó magistralmente Sarmiento.

Hace más de cien años, los avances tecnológicos avizorados por el futuro presidente de los argentinos en sus viajes por el exterior lo llevaron a promover la idea de la difusión del telégrafo en todo el territorio nacional. Sarmiento defendía la creencia de que el "hilo" de los campos argentinos -tanto el de los cercos como el de los telegráfos- contribuiría decididamente a transformar el país tal como se lo conocía, dando paso al progreso y ampliando las fronteras de la civilización. También cumplía una clara función política: donde llegaba el hilo, llegaba la palabra y la acción del presidente. Pero hubo una ocasión -que no incluí en mi libro, ya que existen distintas versiones que no pude conciliar con precisión entonces- en que el telégrafo se volvió en contra de su propulsor, y la barbarie política pudo más que la civilización técnica.

El hecho tuvo por protagonistas a dos importantes generales, Teófilo Ivanowsky y José Miguel Arredondo, y al propio presidente Sarmiento. Los datos que brinda Félix Cutolo en su Diccionario Biográfico Argentino sobre Teófilo Ivanowsky, 2 señalan que nació en Poznañ, Polonia, en 1827, y que fue bautizado como Karl Reichert. Desertor del ejército prusiano, se sumó a la revuelta polaca de 1848 utilizando el apellido de su madre, Ivanowsky. Obligado a expatriarse en 1851, se alistó como voluntario en el ejército que por cuenta del gobierno brasileño se formó en Hamburgo, pero lo hizo con el nombre de Enrique Reich. Participó en la batalla de Caseros, en 1852, del lado del Ejército Grande. Posteriormente, ese mismo año actuó en la revolución del 11 de septiembre, enfrentando a la Confederación que sitiaba a la ciudad de Buenos Aires. Intervino también en las luchas en la frontera y en las guerras civiles, gracias a las cuales fue ascendiendo de grado. Ignacio H. Fotheringham, 3 dice que fue en Azul donde habría adoptado el nombre de Teófilo Ivanoswsky. Para evitar el bochorno por haber dejado escapar a un soldado desertor, el capitán de la compañía le insinuó a su jefe que podría darse de alta a un nuevo soldado con el nombre del fugitivo. De esa manera, Reich cobraría los sueldos atrasados del otro. Permaneció en Azul, en el ejército que mandaba el Tte. Cnel. Ignacio Rivas, hasta la Guerra del Paraguay. Hizo la campaña del lado de la Triple Alianza, y fue en esos años que logró sus más rápidos ascensos. El presidente Sarmiento, que lo apreciaba enormemente por su fidelidad y lealtad, lo nombró general el 8 de octubre de 1873.

Según Jacinto Yaben, 4 José Miguel Arredondo era uruguayo, nacido en Canelones el 8 de mayo de 1832. Se inició como soldado durante el sitio de Montevideo y -como Ivanowsky- llegó al país en ocasión de la batalla de Caseros, interviniendo asimismo en la defensa de la ciudad de Buenos Aires durante la revolución del 11 de septiembre de 1852 contra Urquiza. Sus ascensos hasta general en la jerarquía militar los obtuvo por su participación en las luchas de frontera, en las batallas de Cepeda y Pavón, en la operación de captura y muerte del "Chacho" Peñaloza en La Rioja y durante la contienda contra el Paraguay.

El 24 de septiembre de 1874 era día de fiesta en Villa Mercedes en la provincia de San Luis, en festejo de la patrona, Nuestra Señora de las Mercedes. Ese mismo día estalló la revolución mitrista en Buenos Aires y el presidente Sarmiento envió un telegrama a Ivanowsky, Jefe de la Guarnición local, pidiéndole que controlara al Gral. José Miguel Arredondo, que en agosto del año anterior había sido pasado a revista. Arredondo, en la oficina del telégrafo de Villa Mercedes, tenía un empleado de su confianza de apellido Ceballos. De modo que el telegrama que envió Sarmiento fue a parar a manos de Arredondo en vez de a las de Ivanowsky, su legítimo destinatario. Esta oficina de Villa Mercedes formaba parte del tramo telegráfico que, partiendo de Villa María y pasando por Río Cuarto en la provincia de Córdoba, se extendía hasta la región cuyana y cruzaba la cordillera hacia Chile. Esta línea de comunicación con el país vecino había sido inaugurada por Sarmiento el 26 de julio de 1872.

La noticia de la revolución hizo definir la actitud del general Arredondo que consideró llegada la hora de sumarse a la conspiración contra el presidente. Cuenta Yaben en su libro que Arredondo -explotando las ventajas que le brindaba el medio telegráfico- le contestó a Sarmiento -fingiendo ser Ivanowsky- que estuviese tranquilo de la situación política en aquel punto del país. Ignacio H. Fotheringham agrega que Arredondo -siempre amparado en la mentira de pasar por Ivanowsky gracias al telégrafo- le habría preguntado a Sarmiento "si en el caso de que se sublevara debería tomar preso a Arredondo". La respuesta telegráfica fue terminante: "Fusílelo sobre el tambor, sin más trámite, por traidor ...". Arredondo, abandonando su disfraz, habría insultado a Sarmiento antes de terminar la comunicación: "Váyase al diablo... viejo loco...". Inmediatamente se trasladó al Regimiento 3 de Infantería -que comandaba Joaquín Montaña- donde proclamó la revolución. El Jefe del Cuartel 4 de Caballería de Línea, Tte. Cnel. José S. de la Fuente, recibió orden de Arredondo de arrestar al Gral. Ivanowsky, el cual -ignorante de lo que pasaba- permanecía en su alojamiento.

El Tte. Cnel. de la Fuente comisionó para cumplir la orden al Tte. Crisólogo Frías, quien marchó a ejecutar su misión con seis soldados, los que quedaron fuera de la casa de Ivanowsky, mientras Frías entraba para arrestarlo. Ivanowsky no era hombre de acatar impasible semejante imposición, pues acostumbrado a los peligros, los enfrentaba sin medir jamás la gravedad de las circunstancias. No bien hubo acabado de hablar el Tte. Frías, Ivanowsky se lanzó contra él y, arrebatándole el revólver que tenía en la mano, le disparó una bala a quemarropa que pasó sin alcanzarlo y, tras ella, una segunda que hirió a Frías. Al oír estas detonaciones acuden los soldados, presencian la lucha encarnizada, ven a su oficial herido y entonces disparan sus armas contra el pecho del Gral. Ivanowsky, que cae a tierra para ya no volver a levantarse más. Sus últimas palabras fueron "no me rindo, no me rindo". Un modesto mausoleo en el cementerio de Villa Mercedes incluye una placa que dice asi: "Al General Ivanowsky, la República agradecida" 5.

El adelanto tecnológico que tantas satisfacciones había brindado al país, jugó una mala pasada en ocasión de los sucesos que acabo de relatar: quedó trunca la vida de un valioso soldado al que Sarmiento apreciaba enormemente por su fidelidad y lealtad al gobierno, por un acto de engaño de otro soldado desleal.

Sarmiento argumentó siempre que la ciencia acabaría con la ignorancia y la barbarie. El siglo que concluye no ha dejado en claro esa afirmación. Somos todos conscientes de que las herramientas pueden tener aplicaciones positivas y negativas, pero es de esperar que la humanidad evite atribuirle a la tecnología un matiz apocalíptico a priori. Y ello sólo se logrará mediante el aprendizaje crítico de sus usos, la interioridad, la reflexión, la familiaridad con los hechos del progreso científico. El ascenso de la humanidad es por encima de todo una historia de creación. Es la historia de la creatividad humana -tal cual lo entendía Sarmiento- intentando "conquistar soledad, ignorancia y desorden". Si sabemos orientar la ciencia y la tecnología hacia necesidades fundamentales, sus avances deslumbrantes nos conducirán a resultados cada vez más beneficiosos para la sociedad toda.

NOTAS 

1- Reggini, Horacio C., Sarmiento y las telecomunicaciones. La obsesión del hilo, Edic. Galápago, Buenos Aires, 1997.

2- Cutolo, Félix, Diccionario Biográfico Argentino, Vol. 3.

3- Fotheringham, Ignacio H., La revolución de 1874. Muerte de Ivanowsky, artículo reproducido en Busaniche, José Luis, Estampas del Pasado. Lecturas de Historia Argentina, Librería Hachette, Buenos Aires, 1959, p. 714-716.

4- Yaben, Jacinto R., Biografías Argentinas y Sudamericanas, Edit. Metrópolis, Buenos Aires, 1938, Tomo I, p. 340-343.

5- Ivanowsky designa en honor del Gral. Teófilo Ivanowsky, el nombre de una localidad (Código Postal 6330) y estación del Ferrocarril Sarmiento en el Departamento de Catriló, Provincia de La Pampa.


Reproducción del artículo "Presencia de Sarmiento en Boston", Revista Historia, Año XIX, Nº 75, sept./nov. 1999, Buenos Aires.

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Presencia de Sarmiento en Boston

Horacio C. Reggini

Al caminar en Boston por el paseo arbolado de Commonwealth Avenue, entre Hereford y Gloucester, -bordeado por residencias antiguas adornadas con tradicionales bow-windows- alguien puede quedar sorprendido al encontrar una obra escultórica consagrada a Domingo Faustino Sarmiento.

No debe resultar extraño que fuera precisamente Boston el lugar elegido para homenajear con una estatua la memoria de Sarmiento en los Estados Unidos. Ese afamado centro histórico y educacional influyó en la definición del perfil que Sarmiento ambicionaba para las naciones sudamericanas.

El primer viaje

En el transcurso de su primer viaje al país del norte, entre septiembre y octubre de 1847, Sarmiento conoció al educador Horace Mann, a quien admiraba profundamente desde que en Londres leyera un artículo suyo. "El principal objeto de mi viaje era ver a Horace Mann, el secretario del Board de Educación, el gran reformador de la educación primaria, viajero como yo en busca de métodos y sistemas por Europa, y hombre que a un fondo inagotable de bondad y de filantropía, reunía en sus actos y sus escritos una rara prudencia y un profundo saber", 1 relata Sarmiento en Viajes. "Vivía fuera de Boston y hube de tomarme el ferrocarril para dirigirme a Newton-East, pequeña aldea de su residencia". 2 Allí hablaron durante dos días y coincidieron en que la educación debería ser común e igual para todos las personas. Gracias a Mann obtuvo diversas cartas valiosas de recomendación, ya que "su nombre solo era ya por todas partes un pasaporte y un título de capacidad y de importancia para mí". 3

En esos mismos días, Henry David Thoreau (1817-1862) abandonaba el retiro que por dos años se había autoimpuesto en los bosques a orillas del lago Walden, en Concord, al noroeste de Boston. "Los hombres se han convertido en herramientas de sus herramientas", afirmaba Thoreau, al tiempo que escapaba a la civilización y a las convenciones de la época. En su libro Walden or Life in the Woods (Walden o La vida en los bosques) 4 que relata sus experiencias vividas en Walden desde julio de 1845 a septiembre de 1847, escribió: "Nos damos mucha prisa para construir un telégrafo entre Maine y Texas; pero Maine y Texas, tal vez, no tengan nada importante que decirse... Estamos anhelando hacer un camino debajo del Atlántico para acercar en unas semanas el viejo mundo al nuevo; pero quizás una de las primeras noticias que lleguen al amplio y agitado oído americano, será que la princesa Adelaida tiene tos convulsa". Sarmiento se asombraba y maravillaba del desarrollo imparable de las líneas telegráficas norteamericanas. Thoreau, por el contrario, era más cauto al respecto y llamaba a la reflexión. Ralph Waldo Emerson (1803-1882) dijo de Thoreau: "Eligió ser rico disminuyendo el número de sus necesidades". Emerson unía un prudente entusiasmo por el progreso tecnológico con una inspiración romántica por el paisaje natural. Leo Marx, en su esmerado libro The Machine in the Garden, acerca de la tecnología y la valoración de la naturaleza en los Estados Unidos, escribe: "Al igual que Thomas Jefferson, Emerson confía que bajo condiciones negativas, la ciencia y la tecnología pueden ponerse al servicio de un ideal rural".

El segundo viaje

Sarmiento volvió a los Estados Unidos nuevamente en 1865; esta vez como representante diplomático del gobierno del presidente Bartolomé Mitre. Horace Mann había muerto en 1859; su viuda, Mary Peabody -quien murió en 1887- pertenecía a una prominente familia intelectual norteamericana ampliamente relacionada. Sarmiento mantuvo con ella una profunda amistad revelada a través de una extensa correspondencia epistolar que principalmente giró alrededor de temas de política y de educación. Es a Mary Peabody a quien se debe la primera traducción al inglés de Facundo - Civilización y Barbarie y de algunas partes de Recuerdos de Provincia. Su hermana, Sophia Peabody, estaba casada con el afamado novelista Nathaniel Hawthorne (1804-1864), autor de afamadas novelas, entre ellas, The Scarlet Letter (1850) y The House of the Seven Gables (1851). En la segunda obra citada, Hawthorne se refirió entusiastamente al desarrollo del telégrafo -que tanto apasionó a Sarmiento- en los términos siguientes: "By means of electricity, the world of matter has become a great nerve, vibrating thousands of miles in a breathless point of time. ... The round globe is a vast ... brain, instinct with intelligence!" ("Por medio de la electricidad, el mundo de la materia se ha convertido en un gran nervio, vibrando a lo largo de miles de millas en un instante efímero de tiempo. ... ¡El globo terráqueo es un enorme ... cerebro, imbuido de inteligencia!"). 6 En 1864, amigos como el filósofo Ralph Waldo Emerson (1803-1882), Herman Melville (1819-1891) -autor de la célebre Moby Dick- y el poeta de inspiración romántica Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882) habrían de lamentar su temprana muerte.

Gracias a Mary Peabody y a sus vinculaciones, Sarmiento trató a distintas personalidades del ambiente cultural norteamericano, como al naturalista Alexander Agassiz, hijo del famoso geólogo suizo Louis Agassiz (1807-1873), a la educadora Elizabeth Peabody -otra hermana de Mary- y a los ya mencionados Emerson y Longfellow. En carta escrita a Aurelia Vélez Sarsfield en octubre de 1865, Sarmiento le comenta acerca de Harvard University, situada en Cambridge, al lado de Boston: "¡Cómo se gozaría su padre en este seminario de ciencias y de estudios clásicos; con un templo por biblioteca y una villa entera de escuelas para todos los ramos del saber humano!" 7 y le cuenta que tuvo la oportunidad de escuchar "un grabado de música en plancha de cobre, ejecutado sobre cera, invento del rector...", refiriéndose a Thomas Hill. Es de suponer que Sarmiento habría oído una grabación registrada en un aparato antecesor al fonógrafo impulsado intensamente por Thomas A. Edison a partir de 1877.

También durante este segundo viaje cuando era ministro plenipotenciario de la Argentina, conoció Sarmiento al científico Benjamin A. Gould (1824-1896), natural de Boston. Graduado en Harvard University en 1844, Gould pertenecía a círculos influyentes estadounidenses y estaba casado con una hija de John Quincy Adams, presidente de los Estados Unidos en el período 1825-1829. Interesado en realizar estudios astronómicos en el hemisferio sur, Sarmiento lo invitaría durante su presidencia a trabajar en el país. Gould llegó a Córdoba en 1869, donde permaneció hasta 1885, fecha en que renunció a su cargo y regresó a los Estados Unidos. 8

Gould aprovechó la red telegráfica creada por Sarmiento para un uso peculiar. Aplicando un método que él había sido uno de los primeros en desarrollar, determinó la longitud de varias ciudades argentinas combinando observaciones astronómicas de posición del sol y mensajes telegráficos. En 1866, en los Estados Unidos, usando el cable transatlántico recién tendido, había establecido la diferencia de longitud entre los observatorios de Greenwich, Inglaterra, y Washington, D.C. En esa oportunidad, se valió de un cronógrafo construido por Bond & Son de Boston, que luego trajo a Córdoba y utilizó en las mediciones que realizó en la Argentina, como lo relata en su obra Resultados del Observatorio Nacional Argentino en Córdoba, publicada en 1881. 9

El 4 de octubre de 1872, anexa al Observatorio Astronómico, fue creada la Oficina Meteorológica -con Benjamin A. Gould como director- que se constituyó en instituto independiente en 1885. Fue entonces designado director Walter G. Davis, un bostoniano que había ayudado a Gould en la confección de varios catálogos astronómicos. Albert B. Paine, en su libro In One Man’s Life 10 sobre la vida de Theodore N. Vail (1845-1920), cuenta que Davis dejó fascinado al empresario. Theodore Vail fue un agudo hombre de negocios que vislumbró la magnitud que adquiriría el desarrollo telefónico. Sobrino segundo de Alfred L. Vail (1807-1859) -el importante colaborador de Samuel Morse que había impulsado el desarrollo de la telegrafía a mediados del siglo XIX-, Theodore Vail se asoció con Alexander Graham Bell -el inventor norteamericano del teléfono- y fue el responsable de la transformación de la Bell Telephone Company, la pequeña empresa fundada en Boston en 1878 que, al fusionarse con la New England Telephone Company, se convertiría con el tiempo en el inmenso emporio de telecomunicaciones AT&T.

En 1894, después de una primera etapa en el negocio telefónico, Vail residía en Spedwell Farms, su casa de campo de Vermont. Allí lo visitó Walter Davis, quien le habló con entusiasmo de las bellezas de la provincia argentina de Córdoba y de la posibilidad de construir sobre el cauce del Río Primero una planta hidráulica de generación de electricidad. Vail decidió viajar de inmediato a la Argentina, vía Londres-Lisboa, acompañado del ingeniero James W. McCrosky, expertos en obras hidráulicas. En la travesía conoció a un empresario inglés llamado Charles R. Thursby, interesado en electrificar los tranvías tirados por caballos de la época. Con gran éxito, Vail construyó una usina hidroeléctrica a orillas del río Primero, en Córdoba, y convirtió a la empresa porteña La Capital en un brillante negocio de tranvías eléctricos. En ambos casos fue el artífice financiero de los dos emprendimientos, colocando acciones y bonos en los Estados Unidos y en Europa. Entre los años 1894 y 1906 -durante los cuales no estuvo al frente de AT&T-, Vail viajó todos los años a la Argentina, escapando a los inviernos del Norte y refugiándose en los veranos del Sur; en sus escritos recuerda con nostalgia y simpatía sus estadías estivales en la Casa Bamba, nombre con que bautizó a la construcción que albergaba en su planta baja a la usina, y cuya planta alta fue acondicionada para sus estadías en la bella provincia mediterránea.

Debido a Gould vino Davis a la Argentina. Davis, a su vez, convenció a Vail de acudir con su peculio y entusiasmo empresarial a Córdoba, calificada la "Atenas de la Argentina" de entonces. Los hechos de la historia de todos los días son azarosos e inesperados; pero en este caso surgieron todos de una semilla inicial que nació del encuentro entre Sarmiento y Gould en 1865. 11

En ambos viajes, el estado de Massachusetts -y su capital, Boston- funcionaron como una potente lupa que permitió a Sarmiento apreciar los ideales norteamericanos Así como Sarmiento admiraba a los Estados Unidos, este sentimiento fue recíproco, como se desprende del mensaje siguiente del gobierno de ese país --durante el período 1909-1913 del presidente William H. Taft-: "El Gobierno y el pueblo de los Estados Unidos saluda al Gobierno y al pueblo de la República Argentina en ocasión del centenario del nacimiento del gran Presidente Sarmiento, fundador de las escuelas que dieron a su país libertad disciplinada, origen del desarrollo material e intelectual que ha maravillado el siglo pasado. Nosotros, en los Estados Unidos de América, recordamos y apreciamos su gran panamericanismo y sus trabajos en unión con nuestros pioneros intelectuales, que contribuyeron a establecer tan temprano y tan eficazmente una verdadera inteligencia mutua y amistad sincera entre ambos países". La Cámara de Diputados de la Nación -siendo presidente Eliseo Cantón y secretario Alejandro Sorondo- mandó -el 17 de mayo de 1911- a grabar las palabras anteriores sobre una placa que fue colocada -y que puede leerse actualmente- en el mausoleo de Sarmiento ubicado en el cementerio de la Recoleta.

La acción del embajador Carlos M. Muñíz

En el año 1972, el Dr. Carlos Manuel Muñíz, embajador argentino en Washington del gobierno del Gral. Alejandro A. Lanusse, se propuso recordar la figura de Sarmiento en los Estados Unidos erigiendo en Boston un monumento a su memoria. Muñíz había encontrado durante su gestión en Washington una iniciativa no cumplida de Rómulo S. Naón -quien había sido enviado extraordinario y ministro plenipotenciario (1910-1911) y luego embajador (1914-1918)- de erigir un monumento en recuerdo de Sarmiento en los Estados Unidos. Con ese antecedente, convino con el alcalde de Boston, Kevin H. White, en emplazar un monumento en esa ciudad. El cónsul argentino en Boston, Bernardo García Giménez, se encargó de realizar una tarea de divulgación ante las autoridades del estado de Massachusetts y de Boston para informar quién había sido Sarmiento y los motivos que determinaban la presencia de un monumento en la ciudad. White cedió para ello un espacio en la Commonwealth Avenue. 12

En un viaje a Buenos Aires, el embajador Muñíz promovió la realización de un concurso de bocetos en la Escuela Superior Nacional de Bellas Artes "Ernesto de la Cárcova" -fundada en 1923 por Ernesto de la Cárcova y dirigida entonces por Mario Vanarelli- para realizar la estatua de Sarmiento a colocar en Boston. El concurso con el asesoramiento del escultor Libero Badii, presidido por el director Vanarelli, fue ganado por Yvette Compagnion, alumna de los escultores José Fioravanti y Juan Carlos Labourdette.

El monumento en Boston

El modelo de Sarmiento, de tres metros con veinte centímetros de altura y realizado en barro, pudo ser fundido en bronce gracias al dinamismo del embajador Carlos M. Muñíz, quien obtuvo apoyo económico del entonces intendente de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, Saturnino Montero Ruiz. El arquitecto argentino Eduardo Catalano -profesor en el Massachusetts Institute of Technology- diseñó, a su vez, el pedestal. También gracias a la gestión del embajador Muñíz se fundieron otros dos bustos de Sarmiento diseñados en la misma escuela. Esos bustos fueron instalados por Muníz en 1973 en la Universidad de Michigan -Ann Arbor- y en la Universidad de Texas -Austin-, frente al Lyndon Johnson Memorial-. Por último, un tercer busto de Sarmiento que se encontraba guardado en el Consulado Argentino de New York -entonces a cargo de Rafael Vázquez-, fue colocado también por Muñíz en la Escuela Naval Estadounidense de Annapolis, en recuerdo del presidente argentino fundador de la Escuela Náutica -Ley Nº 568 del 2 de octubre de 1872- que más tarde tomó el nombre de Escuela Naval Militar Argentina.

El monumento de Boston fue inaugurado el 21 de mayo de 1973 -pocos días antes de asumir Héctor J. Cámpora la presidencia argentina- por el embajador Carlos M. Muñíz con la presencia del alcalde Kevin H. White; también estuvo presente Yvette Compagnion y otros dos alumnos de la Escuela Superior de Bellas Artes "Ernesto de la Cárcova", los tres invitados por el embajador Muñíz. En el costado derecho de la escultura, se halla esculpida la firma "Yvette Compagnion, 1973".

La prensa local cubrió ampliamente el acontecimiento. 14 La placa evocativa, en la base del monumento, fue puesta algunos años más tarde. Allí puede leerse, en inglés, la leyenda: "Domingo F. Sarmiento. 1811-1888. President of Argentina - Diplomat - Writer - Father of the Argentine educational system and friend of the American people. The Argentine Republic to the City of Boston. Boston, May 1973." ("Domingo F. Sarmiento. 1811-1888. Presidente de la Argentina - Diplomático - Escritor - Padre del sistema educativo argentino y amigo del pueblo norteamericano. La República Argentina a la ciudad de Boston. Boston, mayo de 1973.").

En 1976, el entonces Gobernador del Estado de Massachusetts, Michael S. Dukakis, hizo referencia al monumento y, además, instituyó en ese estado el 11 de septiembre -fecha del fallecimiento de Sarmiento- como Día del Maestro. Se sumó así a la resolución de 1943 de la Primera Conferencia de Ministros y Directores de Educación de las Repúblicas Americanas que reunida en Panamá había resuelto declarar esa fecha como Día del Maestro en todos los países del continente americano.

El 30 de mayo de 1988, el presidente Raúl Alfonsín y el embajador Enrique Candioti, colocaron una ofrenda floral al pie del monumento. El 21 de septiembre de 1994 concluyó un proceso de reparación de inconvenientes surgidos en la base de la obra, trabajo tomado a cargo por el Banco de Boston. Se realizó entonces una ceremonia con la presencia del presidente Carlos Menem y el embajador Raúl Granillo Ocampo.

Notas

1- Sarmiento, Domingo Faustino, Viajes por Europa, Africa y América 1845-1847 y Diario de Gastos, Edición crítica por Javier Fernández (coordinador), Colección Archivos nº 27, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1993, p. 388.

2- Ibidem.

3- Ibidem, p.391.

4- Thoreau, Henry David, Walden o La vida en los bosques, Prólogo de José Isaacson, Marymar Edic., Buenos Aires, 1977. Walden; or Life in the Woods, Running Press, Philadelphia, Pennsylvania, 1987; publicado originalmente por Ticknor and Fields, Boston, 1854.

5- Reggini, Horacio C., Los caminos de la palabra, Las telecomunicaciones de Morse a Internet, Edic. Galápago, Buenos Aires, 1996, ps. 27/8

6- Hawthorne, Nathaniel, The House of the Seven Gables, Bantam, New York, 1981, p. 202.

7- Sarmiento, Domingo Faustino, Obras completas, T. 29, ps. 68/70.

8- Ortiz, Eduardo L., Investigaciones sobre Benjamin A. Gould (por publicarse).

9- Gould, Benjamin A., Resultados del Observatorio Nacional Argentino en Córdoba, 1881.

10- Paine, Albert Bigelow, In One Man’s Life. Personal & Business Career of Theodore N. Vail, Harper & Brothers, New York, 1921.

11- Reggini, Horacio C., Sarmiento y las telecomunicaciones. La obsesión del hilo, Edic. Galápago, Buenos Aires, 1997.

12- Muníz, Carlos M., Homenaje a Sarmiento en los Estados Unidos, Comunicación personal fechada en junio de 1990, Buenos Aires, Centro Argentino para las Relaciones Internacionales, CARI, agosto de 1997.

13- Monumento de Sarmiento, La Nación, 31 de octubre de 1972.

14- Buenos Dias Señor Presidente, Boston Evening Globe, Monday, May 21, 1973. Argentine Sculptress Gets Unveiling in Boston by Laura White, Boston Herald American, Monday, May 21, 1973. Latin Leader Honored, Boston Herald American, Tuesday, May 22, 1973.


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