CONFERENCIA PRONUNCIADA POR EL PROFESOR ENRIQUE ERNESTO PAGANI   SOBRE EL  HEROE     TRAGICO Y SARMIENTO

Mil novecientos noventa y cinco marcó el sesquicentenerio de la aparición de Facundo —quizá su obra emblemática—. Cuando una creación —sea ésta artística, filosófica o de cualquier otra índole— lleva por título el nombre de una persona, el nombrado se convierte en la figura heroica de dicha obra, si el marco que lo contienen está investido del aura sagrada que impone el debido "efecto de distanciamiento" con respecto a las trivialidades de la vida cotidiana.Todo ello nos lleva a formular la siguiente pregunta: ¿qué es un héroe? Según la concepción griega, héroe es aquel personaje que posee areté (a r e t h ), es decir, la máxima excelsitud en algo, y supone, además, un oponente. Como dice el crítico francés René Girard, en su libro Mentira romántica y verdad novelesca, "el héroe se reconoce en el rival aborrecido"1 y la "Introducción" al Facundo2, en su primer bloque temático, contiene —en germen, porque falta la maquinaria teatral— los elementos esenciales que instauran una situación trágica.Ésta es la posición que quisiéramos fundamentar en este trabajo.Para ello, haremos una síntesis de algunos conceptos acerca del género trágico y veremos hasta qué grado —con ejemplos del texto— se confirma o no esta teoría.

Max Scheler en el ensayo "Acerca del fenómeno de lo trágico", contenido en su libro El santo, el genio, el héroe dice que"todo lo que se pueda denominar trágico se mueve en la esfera de valores y relaciones de valores". [Trágica] "es la determinación de una eficiencia en el hacer y en el padecer [¼ ]. Esta eficiencia debe tener una dirección determinada [¼ ]: la dirección hacia una destrucción de un valor positivo de un determinado nivel jerárquico. Y la fuerza que destruye no debe estar exenta de valores; debe ella misma representar un valor positivo".3 Ahora bien, ¿qué valores se relacionan, qué eficiencia se manifiesta en el hacer y en el padecer y qué dirección se sigue para lograr la destrucción de un valor positivo?

En el texto de Don Domingo Faustino Sarmiento, aparecen dos valores contrapuestos, claramente presentados: por un lado, Facundo, diez años después de su muerte, continúa viviendo en el sistema axiológico que definen "las tradiciones populares, [¼ ] la política y revoluciones argentinas"4, cuya eficiencia se muestra en el hacer y en el padecer de "la naturaleza campestre, colonial y bárbara"5 e instaura el mito; por otro, esa fuerza destructora, tampoco exenta de valores y acrisolada también por otros mitos, representada por Rosas. En realidad, aquí vemos una relación refleja, manejada mediante un juego de espejos, entre ambos agonistas: el "heredero", el "complemento" no es ni más ni menos que el "otro molde, más acabado, más perfecto"6 de Facundo. La imagen especular aparece duplicada en el "genio" (Rosas) cuya puesta abismal (mise en abyme) ha metamorfoseado las virtudes del "instinto", la "iniciación" y la "tendencia", transformándolas "en arte, en sistema y en política regular"7.

Es decir, el sistema de valores enfrentados propuesto por Scheler se manifiesta por intermedio de un protagonista y su correspondiente antagonista, —el héroe y su rival, según la cita previa del texto de René Girard—8.

Pero en este caso particular, hay una tercera voz, que es la del narrador-actor. Este actor, según lo que pensamos, es el portavoz, el coreuta de un coro trágico virtual que está entre bambalinas y cuyos integrantes serian todos los ciudadanos (como en la polis griega) contrarias al régimen rosista. Son ellos los encargados de dar la palabra al ensayista Sarmiento que efectúa las reflexiones"para desatar [el] nudo que no ha podido cortar la espada, estudiar prolijamente las vueltas y revueltas de los hilos que lo forman, y buscar en los antecedentes nacionales, en la fisonomía del suelo, en las costumbres y tradiciones populares, los puntos en que están pegados"9.

Si consideramos este párrafo final de la "Introducción", que, como dijimos más arriba, es netamente reflexivo, aquí se marca el ritmo de la prosa de todo el segundo bloque del texto. El límite entre las dos partes que lo componen está señalado por el cambio lingüístico-estilístico, significado fundamentalmente por el ritmo, la sintaxis y el vocabulario.

Esta segunda masa estructural adhiere a los conceptos de George Steiner quien en su obra La muerte de la tragedia manifiesta que "la sintaxis de la prosa encana la función central que las relaciones causales y la lógica temporal desempeñan en los procesos del pensamiento corriente"10.tal como hemos visto en el trozo leído previamente.

Entonces, ahora corresponde contraponer el tono lírico-trágico, tal como aparece en el primer bloque estructural de esta "Introducción", del famoso pasaje que comienza así:

"¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que, sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo! Tú posees el secreto: ¡revélanoslo!"11.

Como acabamos de observar, el tono elevado, enfático, imprecatorio y vocativo ha creado la atmósfera trágica que ensalzará la figura del héroe, transformado en mito. George Steiner confirma este "efecto de distanciamiento" —como diría Bertold Brecht, del que hablábamos al comienzo de esta exposición— cuando dice que "el verso [¼ ] es límite primordial entre el mundo realzado de la tragedia y el mundo de la existencia ordinaria"12.

Si bien aquí no hay estrictamente versos en el sentido técnico del término ("tener metro o rima o una pauta de repetición formal"13), sí hay una elevación "del discurso por arriba del habla corriente con fines de invocación, adorno o rememoración", como también manifiesta Steiner, ya que, además, "lo poético es un atributo [y] el verso [¼ es sólo] una forma técnica"14. Por todo ello, y si como afirma Jacques Morel en La tragédie "le conflit tragique est toujours celui de l’humain et du divin"15 ("el conflicto trágico es siempre el de lo humano y el de lo divino"), el empleo de ese lenguaje elevado,

"modelado con más nobleza y complejidad que el nuestro [de cada día] nos impone una distancia respetuosa [¼ y adquiere] una magnitud especial"16,

que es, según creemos, aquella que se dirige hacia lo sagrado.

El tema puede ser continuado, aunque sea en el análisis de connotaciones de toda índole, desde la "Sombra terrible" —como un espectro, un espíritu o una figura fantasmagórica, tales como las que aparecen en varias escenas del teatro shakespeariano— hasta el tema del "secreto", motivo que obsesiona a las heroínas de la tragedia raciniana. Pero nos detendremos aquí, ya que creemos que, en realidad, en la historia fáctica, Don Domingo Faustino Sarmiento ha sido, también él, como una duplicación de sus personajes heroicos, un héroe, y su areté consistió en haber vencido a "la Esfinge Argentina"17: la Ignorancia. Pero, a pesar del final feliz —y esto lo aleja ilusoriamente del fatalismo trágico— el tiempo no ha pasado en vano, desgraciadamente. Parafraseando a Nietzsche y a Mircea Eliade, el mito del eterno retorno ha hecho que el tiempo circular —e irónicamente "postmoderno"— engendrara al nuevo "monstruo que nos propone el enigma"18, nuevamente trágico, que es el de la educación argentina actual. ¿Y qué salida propondríamos aquí y ahora, ante semejante situación —valga el término trágico— "patética"? Creemos que, para ello, Don Domingo nos ha legado la clave, el mensaje esencial, a través de sus obras y lo invocaremos, parafraseándolo de esta manera, diciendo: "¡Sombra sagrada de Sarmiento voy a evocarte! Tú posees el secreto revelado: tus libros. ¡Argentinos, leámoslos!"

Notas

1. Girard, René: Mentira romántica y verdad novelesca. Barcelona, Anagrama, 1985. (pág. 270).
2. Sarmiento, Domingo Faustino: "Introducción", en Facundo. Buenos Aires, Kapelusz, 1972.
3. Scheler, Max: "Acerca del fenómeno de lo trágico", en El santo, el genio, el héroe. Buenos Aires, Nova, 1961. (pág. 147-148).
4. Sarmiento, D.F.: Facundo. Ed. cit.
5. Id.: Op.cit.
6. Id.: Op.cit.
7. Id.: Op.cit.
8. Véase nota Nº 1.
9. Id.: Op.cit.
10. Steiner, George: La muerte de la tragedia. Caracas, Monte Ávila, 1991. (pág. 204).
11. Id.: Op.cit.
12. Steiner, G.: Op.cit. (pág. 201).
13. Steiner, G.: Op.cit. (pág. 199).
14. Steiner, G.: Op.cit. (pág. 199).
15. Morel, Jacques: La tragédie. Paris, Armand Colin, 1970. (pág. 7).
16. Steiner, G.: Op.cit. (pág. 202).
17. Id.: Op.cit.
18. Id.: Op.cit.

 


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