HOMENAJE A BORGES
en el centenario de su nacimiento ( 24/8/899)

 
"EL SARMIENTO" DE JORGE LUIS BORGES"
por Alberto Gerónimo Mosquera

 

La vasta bibliografía sarmientina nos ha deparado una apreciable cantidad de estudios sobre la vida del prócer. No exceden el número de los dedos de dos manos para señalar aquéllas que han quedado tipificadas, ya sea porque han logrado con mayor exactitud la interpretación del personaje o señalado el rasgo característico de su existencia. Las más antiguas destácanse por el desarrollo equilibrado del relato, con escasas citas de fuentes documentales como la de José Guillermo Guerra o las subsiguientes por el brillo del estilo literario como son el caso de Leopoldo Lugones, Ricardo Rojas, Manuel Gálvez, Aníbal Ponce, Ezequiel Martínez Estrada o la minuciosa y metódica de Alberto Palcos o la documentada en inexplorados archivos como la de Allison Williams Bunkley o la de José S. Campobassi, que lo inserta en su ciclo histórico, con amplitud digna de señalarse. Extenso también es el panorama de aquellos que han estudiado con meticulosidad su labor específica en el campo de la educación, la literatura, la política, el derecho para indicar entre varios ámbitos los más importantes; o artículos y pequeños ensayos que, por lo sustanciales, Valen un libro.

Las biografías se han distinguido por el nombre de sus autores. De esa manera se habla de Sarmiento, de Rojas, de Palcos, de Lugones, Ponce o Martínez Estrada, para citar los mas difundidos. De todos, los que lo calificaron con criterios específicos fueron: Rojas, llamándolo "profeta de la pampa" o Ponce "constructor de la nueva argentina"

Pero quizá nadie, con un poder de síntesis tan grande, le encontró una valoración más acertada y es la de 'testigo de la patria'. Ese fue Jorge Luis Borges en un poema en el que evoca al gran sanjuanino, del que emerge la caracterización de un personaje, que nos permite hablar del 'Sarmiento de Borges', cuyo nombre se adscribe a la nómina de aquellos que admiraron a Sarmiento, dejándonos también dos valiosos prólogos: uno a 'Recuerdos de Provincia' y el otro a 'Facundo', sin olvidar aquel poema de su etapa ultraísta: 'El general Quiroga va en coche al muere'. El poema que nos ocupa fue incluido en el libro 'El otro, el mismo' (1964) y compilado en 'Obra poética' (1923-1977), editado por Emece.

Borges construye, en ese poema, un Sarmiento carnal, que no ha avizorado nadie. No es el que predice acontecimientos futuros, ni sólo el hombre de la montaña que baja a la llanura, ni aquel cuya mentalidad genera solamente la elaboración de ideas para proclamarlo 'la autentica intergiversable institución nacional', ni aquel otro que lo ve como un creador al que hay que destruir, sin dejar de reconocerle vigencia, es algo más, es algo actual y vivo, es 'el testigo de la patria', trayéndolo a nuestra presencia en un momento especial para los desmemoriados, porque allí señalo las dos dictaduras: Una de la que dio testimonio y otra para la que sirvió como testimonio.

La primavera de septiembre de 1955 será siempre comparable al verano de febrero de 1852 y su paralelo no podrá ser borrado porque la historia documenta los hechos ya que Sarmiento es 'El que ve nuestra infamia y nuestra gloria,/ la luz de Mayo Y el horror de Rosas/ y el otro horror y los secretos días/ del minucioso porvenir..

Sarmiento es el testigo sin tacha legal cuando alude a nuestra ignominia o cuando nos habla de nuestra fama. Es, sin embargo, testigo con tachas cuando 'sigue odiando', sin prejuicio de 'seguir amando y combatiendo. Para uno y lo otro lleva a cuestas el caudal de los 52 volúmenes de sus obras completas y otros tantos escritos sin recopilar, los que se encuentran en archivos privados o públicos del país y del extranjero.

No en vano Borges incluyó el poema que crea su Sarmiento en el libro 'El otro, el mismo', porque quizá en esta dicotomía este la síntesis de su concepción creadora. El mismo se distinguía del otro, del que había engendrado y esa particularidad señala también en Sarmiento.

En un prólogo a 'Recuerdos de Provincia' dijo que era el hombre concebido por ese libro. Alguna vez nosotros, destacando en un trabajo su alma y varonía, fuimos más allá diciendo que Sarmiento había creado con su vida y con su obra un personaje: 'el Sarmiento' 'encamado en la realidad por la acción vivida por Domingo Faustino, el sanjuanino ilustre, significando esa actividad el poder de la voluntad que actúa en las instituciones y en los nombres para acelerar su ritmo; el puño bravío para amonestar a los ineptos, los inescrupulosos, los serviles v los verdugos, los inmorales y los mentirosos; la fe en el porvenir; la visión de un mundo nuevo, el sentimiento unido al pensamiento y la realizaci6n aplicados a aquellos que aspiran a ser mejores; el optimismo; la renovación y la eterna juventud; la lucha diaria por la educación del pueblo, la libertad y la justicia; la creencia, el aliento, la decisión, la síntesis de 'lucha y llegarás'.

- A este personaje es al que 'no lo abruman el mármol y la gloria' y al que 'nuestra asidua retórica no lima/ Su rústica realidad',

El otro Sarmiento de carne y hueso es el mismo Sarmiento, que crea su propio personaje. Aquí es el hombre solitario que hace que éste no sea menos que un hombre, para decirlo con palabras de Borges y quizá porque el libro donde incluyó el poema que analizó el testigo era el que más quería, insertó en la compilación al otro, que como el, sintieron la disyunción de la persona y el personaje que se construye con la vida y con la obra, concepción dibujada en su poema 'Lectores'.

Pero este 'testigo de la patria' tiene una característica esencial que destaca el autor pues como personaje creado por la carne y el espíritu de Sarmiento no es 'un blanco símbolo que pueden manejar las dictaduras', sino el que clava un hito en la historia y desde allí testifica. Como es un personaje vivo 'el Sarmiento' estuvo en las 'albas de septiembre' y en todas las albas donde se trate de ahogar la justicia y la libertad.

Este testigo se caracteriza por su obstinado amor a la patria, con el que quiere salvarnos y 'camina entre los hombres, que le pagan/ (por que no ha muerto) su jornada de injurias/ o de veneraciones'.

En ventiseis versos sintetiza la imagen de un Sarmiento que daría materia para desarrollar las ideas allí vertidas en un ensayo sustancial.

'Es curiosa la suerte del escritor dice Borges en el prólogo del libro donde resguardó este poema. Al principio es barroco, vanidosamente barroco, y al cabo de los años puede lograr, si son favorables los astros, no la sencillez, que no es nada, sino la modestia y secreta complejidad', que es precisamente lo que se pone de manifiesto en este 'Sarmiento caracterizado como 'testigo de la patria", al que finalmente ve como un soñador que sigue soñándonos en un mágico cristal que encierra las tres caras del tiempo: 'después, antes, ahora' 'con clara reminiscencia agustiniana porque si el pasado no es ya y el futuro no es todavía, el presente no existe sino en cuanto fluye y pasa, de tal manera que este testigo 'no es un eco antiguo/ que la cóncava fama multiplica'.

Ubicado en la temática del tiempo - una de las preocupaciones más intensas de Borges-, este Sarmiento se nos presenta como el arquetipo de la nacionalidad, dándonos una imagen del otro Sarmiento, es decir, el que creó él mismo, para que sea el testigo de la patria, valorizado así en el devenir histórico.

 

 

 

Trabajo publicado en el Suplemento Cultural del Diario "La Prensa'' de la República Argentina el 6 de setiembre de 1991 e incluido por su autor en su libro "Sarmiento: alma y varonía" - Marymar ediciones - Buenos Aires - 1997.

 


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