D. CARLOS KELLER SARMIENTO:
"INVOCACION A SARMIENTO"
Nos hemos reunido hoy aquí, frente a este rincón tan querido y honrado de nuestra historia patria, para recordar y honrar la memoria del hombre civil mas Grande que nació en nuestra tierra .
En esta maravillosa Argentina que es nuestra Patria y también la de Sarmiento, se nos hace dificil comprender el estado de crisis profunda, depresión, falta de estímulos de todo tipo, y sobretodo el quiebre del sistema institucional, financiero, economico y social que estamos viviendo en este momento. Nos resistimos a aceptar los fenomenos terribles que la acompañan, como la desocupación, la inflación, el colapso del Estado, la violencia, el crimen generalizado, la falta de seguridad, el estado lamentable del poder judicial, la permanente desobediencia civil, la ausencia total de opciones, de salidas posibles. El terrible desaliento y la amargura.Y su nefasto impacto en el mundo que nos rodea.
Un mundo externo de donde provienen las raíces genéticas, culturales y humanas de nuestros mayores que llegaron a esta tierra bendita por Dios con sus ilusiones, su fuerza, y su vocación de paz, pan y trabajo. Que creyó en nuestro país, y que fué testigo y entusiasta propulsor de nuestra creciente posición entre los países con mayor potencial de desarrollo económico. Dejaron atrás allá en Europa y otras regiones, el hambre, la guerra, la inseguridad, y las escasas perspectivas que se advertían para su progreso, y sobretodo, la educación y el futuro de sus hijos, y los hijos de sus hijos.
Pero en cambio, en estos últimos años fuimos deslizándonos en medio del más colosal desorden, incapacidad, demagogia barata, irresponsabilidad y oportunismo de los que podrían haber intentado detener esta caída, a privilegiar solamente los propios intereses de la clase política.
La morbosidad de los medios, el culto al beneficio económico o al rating en lugar de la verdad, la imparcialidad y la corrección que se espera de los medios masivos de comunicación se agrega al colapso de la escuela, y por supuesto de toda la educación media y universitaria, sin medios ni disciplina, las huelgas salvajes, la increíble indiferencia del Gobierno y las mentiras permanentes de sus integrantes para consolidar sus ambiciones y pretensiones en las internas de turno.
Cuesta así imaginar la trayectoria de un hombre, como todo ser humano con sus virtudes y defectos, que proclamaba con la energía y coraje de un patriotismo a ultranza el camino para un nuevo día y los horizontes de un continente nuevo, virgen, y fuerte sin pecado original.
La visión y energía de Sarmiento fue cambiando la estructura de una nación colonial y se delinearon y concretaron los instrumentos institucionales y sociales para el gran cambio, que fue llegando en forma natural aunque no sin lucha ni sacrificio por parte de nuestra incipiente población. Llegaron así miles y miles de inmigrantes ávidos de un pedazo de tierra, de ese sol maravilloso que caldea nuestras pampas y llanuras. Del nuevo espíritu que junto al orgullo de la libertad conquistada a fuerza de combatir duramente contra las potencias coloniales corno todos los países nuevos, hacía presagiar un porvenir venturoso.
Un sólo Sarmiento y esa extraordinaria generación del 80 lo lograron. Uno de los paises muy pronto más ricos y ordenados del mundo, donde seguian llegando inmigrantes y viajeros plenos de esperanzas e ilusiones.
Sarmiento, "el porteño en la provincia y provinciano en la capital", como le gustaba llamarse. Uno de los federales más unitarios del mundo para acompañar el proceso real de nuestra joven historia. Darle el debido marco institucional y profesional para asegurarle un rol virtuoso en el futuro que se avecinaba en forma implacable.
Siempre fue combatido y jamás eludió un sólo combate. Pero lo hacía de frente, con sus armas predilectas, la verdad y sus puños. No como alguno de esos ocasionales oportunistas que han surgido corno alimañas en los últimos tiempos, canjeando según el César de turno su partido político, sus escasas no verdades y su poca integridad, vendiéndose lánguidamente a una extraña moda que parece haber surgido hace unos años en nuestro país: la destrucción sistemática de nuestra historia patria y de nuestros héroes en aras de la aparición de revisionismos y "soit disant" curiosos próceres folclóricos tratados con ligereza y oportunismo.
Una actitud que no existía hasta la llegada del populismo a ultranza y la eliminación sistemática del elitismo y la idoneidad que nos llevó a ocupar uno de los primeros lugares en el mundo, y sobretodo a ser respetados y considerados por todos. Un país donde era un placer llegar y descubrir sus fantásticos escenarios naturales, sus bellezas incomparables. Su cultura, su música y el calor humano de su población. No ciertamente este caos de villas miseria, de legiones de pordioseros, cirujas y delincuentes, amparados por la política de turno en lugar de proveer con realismo y propiedad a sus necesidades de trabajo, vivienda y educación. A honrar sus derechos esenciales que tanto proclamaba un conocido líder histórico aparentemente sin ningún éxito y que en cambio originó en parte la "magnífica" clase política que supimos conseguir.
Por todo ello te damos gracias Sarmiento. Por haber nacido, haber vivido como viviste y habernos dejado un ejemplo maravilloso de temple, visión y patriotismo que nadie ni nada podrá empañar. Que estará siempre allí. Por esos 52 tomos de tus obras completas que son solo un inventario de los temas y problemas que encaraste durante tu vida de luchador y estadista. Por la creación de tantas cosas importantes, vitales para nuestra Patria. Como la Escuela primaria, obligatoria, laica y gratuita. Pero también los ferrocarriles, los puertos, los Institutos de investigación científica. Y también el Colegio Militar y la Escuela Naval, cuna de nuestras fuerzas armadas modernas.
Y como proclamaron varios historiadores, distinguidos profesores norteamericanos y los intelectuales lúcidos de nuestra Región, al recordar el centenario de tu muerte en Boston, en septiembre dé 1988 al pie de tu monumento por haber sido el único hombre de¡ Renacimiento que produjo América. Nuestro sanjuanino. El cuyano alborotador como lo definió algún conocido historiador. Nuestra Argentina agradecida no te olvidará jamás.