PERDURABLE FACUNDO

CIVILIZACION Y BARBARIE

FLORENCIA GROSSO DE ANDERSEN

   Hace 160 años, el 16 de febrero de 1835, se producía en Barranca Yaco, Córdoba, un asesinato que, por lo sangriento de sus características, la prominencia de la víctima y las consecuencias políticas que su desaparición significaba para no menos trascendentes personajes de la época, lo han convertido en tema perdurable de polémicas interpretaciones.El asesinado por una partida armada era el gobernador de La Rioja, Brigadier General Don Juan Facundo Quiroga. En la vida y la muerte del caudillo encarnó Sarmiento su clásico "Facundo - Civilización y Barbarie'.No hubo presagios ni advertencias que convencieran al omnipotente pasajero de una trágica galera a desandar camino. Tenia bajo su dominio las provincias de Cuyo, del Centro y Norte, salvo Córdoba y Santiago del Estero. Era figura preponderante de la Santa Federación, señor de vidas y haciendas y aliado ideológico de Don Juan Manuel de Rosas, el cual, desaparecido Quiroga, sería elegido en abril de ese año Gobernador de Buenos Aires con la suma del poder público.Del proceso instruido, surgieron culpables y fueron ejecutados, el gobernador de Córdoba, Vicente Reinafé y sus hermanos, presuntos instigadores, y la mano asesina, Sántos Pérez. Formalmente, se hizo justicia, Pero hasta hoy persisten opiniones opuestas acerca del autor o autores intelectuales del crimen.Diez años más tarde de este suceso, la oposición a Rosas ha sido acallada con violencia y cientos de exiliados han debido abandonar la patria. El más fogoso y batallador, Domingo Faustino Sarmiento, ha buscado refugio en Chile, donde funda El Progreso, primer periódico con que contó la ciudad de Santiago.Hasta allí llegó, ese año de 1845 en misión diplomática, Don Baldomero Garcia, enviado por Rosas para reivindicar su política y gestionar la extradición de sus enemigos unitarios, de los que Sarmiento era figura conspicua.Tal vez a este oscuro personaje le debemos la vehemente urgencia con que escribió el Facundo, primero en folletines publicados en el periódico que dirige y pronto volcado en forma de libro ese mismo año. Y aunque su título tiene por dueño a Quiroga, no es designio de Sarmiento destruir su memoria como individuo, ya que le reconoce como exponente de una sociedad turbulenta, atribuyéndole cierta grandeza salvaje, no exenta de rasgos de humanidad esencial.Así se expresa en la introducción a la edición de 1845 "Por antecedentes inevitables, ajenos a su voluntad, es el personaje histórico más singular, más notable que pueda presentarse a la contemplación de los hombres". "Facundo, provinciano, bárbaro, valiente, audaz, fue reemplazado por Rosas, falso, corazón helado, espíritu calculador, que hace el mal sin pasión y organiza lentamente el despotismo con toda la inteligencia de un Maquiavelo".Es indudable que los incisivos juicios sarmientinos tienen un destinatario especifico distinto a Quiroga. El mismo lo establece en Recuerdos de Provincia, refiriéndose al Facundo. "Este libro contiene el germen de muchos otros escritores y está destinado a perder a Rosas en el concepto del mundo civilizado".La premura por escribir la obra no significa improvisación, y es de imaginar que el germen que menciona estaba vivo y latente en su pensamiento y en trabajos no publicados hasta entonces. Y sin duda, consiguió su objetivo "no habiendo libro alguno, quizás, que haya sido mas buscado y leído allí" manifiesta, refiriéndose a Buenos Aires, donde el Facundo circulaba clandestinamente.La oposición Rosas - Sarmiento, era un hecho inevitable entre idiosincrasia tan disímiles. Localista y rnesiánica aquella, ésta, trascendente y universalista.El Facundo pudo convertirse en uno de tantos alegatos panfletarios que los tiranos suelen inspirar en hombres apasionados, perseguidos y alejados de su patria y, generalmente, de frutos efímeros. Sin embargo, el genio de Sarmiento confirió al texto condición de manifiesto esencial de libertad y referente inmutable para quien desee conocer nuestra azarosa historia de aquel tiempo.Y aunque los incidentes biográficos jalonan este libro, no es solo el relato de las circunstancias de algunos poderosos o mejor dotados personajes, es la saga de un pueblo y sus gentes sencillas. De los grandes o pequeños tiranos que las dominaron. Y de los hombres que lucharon para modificar su destino, mutando ignorancia y soberbia por educación y justicia.Es también, la fresca recreación de su mitología, de tipos, costumbres y espacios geográficos que le eran familiares al cuyano cosmopolita que fué Sarmiento.A los que éramos niños hace ya años y la lectura de este libro fundamental era corriente en las escuelas, nos han quedado vívidos en la memoria, más que cualquier imagen televisiva actual, episodios narrados por la pluma apasionada del Maestro.Yo no podré olvidar que al leerlo por vez primera, quedó en mi mente como impronta perdurable, la imaginaria visión de la cabeza formidable de Facundo, emergiendo soberbia de la galera. Y la silueta ominosa del capitán Santos Pérez, que empuña el arma cuya bala fatal, le impacta en un ojo y le siega la vida.Los 150 años del Facundo representan una nostálgico convocatoria a releerlo. A los que no lo conocen, la invitación es a iniciarse en una narrativa amena, vibrante y genuinamente argentina, en la que nuestra historia se presenta con la expresiva exactitud de un friso.

FLORENCIA GROSSO DE ANDERSEN

 


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