DISCURSO DEL  MIEMBRO DE NUMERO CORONEL (R)  EDUARDO SARMIENTO EN  NOMBRE DEL INSTITUTO SARMIENTO DE SOCIOLOGIA E HISTORIA
 
Autoridades de la "Asociación Sarmientína",
del "instituto Sarmiento de Sociologia e Historia",
del "Centro Sanjuanino de Buenos Aires"
Sra. Directora del "Museo Histórico Sarmiento",
Representantes de las Fuerzas Armadas de la Nación.
 
Señoras, Señores:
 
    Como miembro del "Instituto Sarmiento de Sociología e Historia", re- presentante de la rama puntana de la familia, y Coronel de la Nación, se me ha conferido el alto honor de evocar la figura de este gran prohombre de la Patria, el General de División Don Domingo Faustíno Sarmiento, como al él le hubiera agradado se lo mencionara, a los 113 años de su fallecimiento.
Pretender reseñar su vida y gigantesca obra en breves palabras, resulta una tarea infructuosa, por lo que lo recordaré en sus aspectos esenciales.
Heredó de sus mayores el amor por esta bendita tierra y su incomparable pujanza, en la lucha por lograr sus ideales.
    Sarmiento pertenece a una familia, cuyos orígenes en nuestro país se remontan a los primeros pobladores españoles. Por sus venas corre la sangre de esforzados cruzados por la Fe en Tierra Santa, de guerreros en la Reconquista de España contra los Moros, de marinos en el Descubrimiento de América, y de valerosos capitanes participantes en la conquista de la Capitanía General de Chile; fundadores y pobladores luego, de ciudades en la antigua Provincia de Cuyo. Esa tierra en la que se forjara el glorioso Ejército libertador de la América del sur.
    Al decir de José Luis Lanuza, "no es aventurado afirmar que nuestra historia carezca de personajes humanos". Entiéndase que esta afirmación no significa que carezcamos de próceres o personajes extraordinarios, sino que de ellos, en general, no conocemos mas que lo exterior. Sabemos de sus batallas, sus actos de gobierno, retenemos cierta frase de algún discurso famoso. De algunos hasta la expresión, mas o menos auténtica, que pronunciaran al morir: sus famosas últimas palabras.
    Las estatuas nos muestran sus uniformes o levitas. Admiramos a muchos personajes desde una respetuosa distancia, porque ignoramos su intimidad. No la intimidad oportunista que nos quiere mostrar algunos pretendidos historiadores contemporáneos, que con fines especulativos tergiversan la historia científica, en la que se basan autores de reconocida autoridad.
De algunos de estos próceres hemos leído no solo la biografía, sino sus propios documentos personales, autobiografías o memorias, pero todos esos documentos nos acercan poco a su interior. El general quiere justificar sus derrotas o dejar clara constancia de sus triunfos. El funcionario quiere protocolizar su probidad administrativa, pero siempre, o casi siempre, el hombre permanece en las sombras, desconocido.
Por eso nos asombra la actitud del General Sarmiento.
Para los argentinos, Sarmiento no es un personaje exterior, superficial; lo "conocemos como de toda la vida", con sus anécdotas de la infancia, su ambiente familiar, sus peripecias, debilidades y fracasos, con sus particularidades y jactancias.
    Tuvo el impudor genial de hablar durante toda su vida de sí mismo, como una interminable confesión general. Ya en su "Recuerdos de Provincia", a la cabecera del Prólogo, agrega la cita de Aristóteles que dice: "Decir de sí menos de lo que hay, es necedad y no modestia; tenerse en menos de lo que uno vale, es cobardía y pusilanimidad".
    Como maestro autodidacto, dispuesto siempre a exponer ante sus oyentes lecciones sobre distintos aspectos, se puso como ejemplo de todo lo bueno y de todo lo malo. Fue el autor y propagandista, de su propia novela, creando un personaje inédito en la República, "el personaje de Sarmiento".
Sabía que su vida era aleccionadora. Que en esta América donde estaba todo por hacerse, en esta Argentina despoblada hasta de árboles, en esta Argentina que había que, poblar, organizar y educar, él, Sarmiento, era un símbolo de¡ hacer. Y como un genio, proveniente de la vertiente ilustrada de una filosofía del progreso, no fue comprendido por los necios de su tiempo, quienes lo apodaron "el loco Sarmiento", junto a otros epítetos más denigrantes.
Este progreso no era para Sarmiento una entidad abstracta. Era una fuerza sujeta a la inteligencia humana que cobraba forma en escuelas, universidades, museos, observatorios, en el acceso a la propiedad agrícola, y en oleadas de inmigrantes que contribuyeran eficazmente a este necesario e impostergable progreso.
        Su política estaba al servicio del conocimiento humano, como con- junto de derechos que protegían el desarrollo de la conciencia individual y de la razón pública, traducidos en la libertad de conciencia, los derechos individuales, la ciencia y la cultura. ! Realmente es una verdadera pena que no tuviéramos mas "locos" como él, en nuestro querido País!.
    En cuanto a los ignorantes o interesados en denostarlo, formulando el injusto cargo de traición por la cuestión de la Patagonia, debo decir brevemente que, independientemente de lo expresado en obras y otros escritos de su autoría, desde 1845, a dos años de publicado su polémico artículo en el diario "El Progreso" de Chile sobre el Estrecho de Magallanes, y hasta 1878, Sarmiento dejó muy en claro los derechos argentinos sobre nuestra Patagonia. Y al respecto permítaseme reproducir parte de sus palabras cuando, siendo Presidente de la República, tuvo conocimiento de una alusión, que sobre el asunto, formulara la Cancillería chilena.
    Dijo:  "...si en despecho del¡ buen sentido, del decoro, del deber que impone a esas gentes no traer a colación artículos de diarios para argüir con ellos derechos; esto pusiese en conflicto mi persona con mi posición, en cuanto pueda dañar en lo más mínimo a la República, estoy resuelto a quebrar el indigno instrumento por descender de¡ puesto que ocupo, a fin de que pueda yo mismo consagrarme a defender, como individuo los derechos de mi país ...... Y que lo hubiera hecho no cabe duda, porque como dijera Pellegrini : "Había en sus entrañas agitaciones de volcán".
    Otra referencia que revela su profundo sentido de soberanía nacional, la vemos en el contenido de las bases para la orientación inicial, de la primera falange de nuestra Marina de Guerra, escritas de su puño y letra, y que en algún párrafo, refiriéndose al conocimiento de las costas hasta Río Gallegos expresa, que ante la posibilidad que se encontraran asentados establecimientos, guarniciones o buques de guerra, de Chile o de otra procedencia, se les debía hacer conocer los derechos territoriales de la República Argentina, y por lo tanto los moradores estaban bajo el imperio de sus leyes.
     En cuanto a su honestidad y claridad de procedimientos como Presidente, baste decir lo siguiente. El pequeño grupo de naves que constituía la escuadra no podía satisfacer lo que el País requería, por lo que procede a la adquisición de nuevos buques acorazados. La casa constructora regaló a Sarmiento un pequeño vapor de paseo bautizado con el nombre de "El Talita", en recuerdo del combate de ese nombre contra Lopez Jordán. El Presidente, de inmediato, mandó agregarlo a la escuadra como bien nacional, y no contestó la nota con la que se lo remitieron.
    No le hacían falta disposiciones o decretos referidos a las dádivas hacia los funcionarios de gobierno.
    Como sabemos,este gran hombre, durante su fecunda vida desempeñó multiples oficios y ocupó importantes cargos de responsabilidad en la República, llegando a alcanzar, con los años, dos títulos que había ambicionado durante mucho tiempo: el grado de General y el de doctor honoris causa en Michigan. Pero ¿ que le faltaba ya a Sarmiento ? El contestó una vez burlonamente: solamente me falta ser dos cosas: obispo y porteño.
    Como oficial en las milicias sanjuaninas, de Sub teniente a Capitán,  luego con el  grado de Teniente coronel y Senador, y más tarde como Coronel, fuie un luchador infatigable por el logro de un ejército organizado, disciplinado, digno y capaz de las más grandes empresas. En este sentido bregó por el acrecentamiento del espíritu y la moral de las milicias provinciales y las unidades de líneas, que eran prácticamente semi montoneras, adaptando a sus elementos, a las fomas superiores de vida que exigía la patria naciente, basandose frecuentemente en las ordenanzas y conceptos filosósicos sanmartinianos.
     Fue él, con su gran amor a las fuerzas armadas que como Presidente de la Nación, concreta viejos sueños al crear esos dos pedestales, enorme riqueza de nuestro acervo nacional, de caballeros de honor y de la ciencia militar: el Colegio Militar de la Nación y la Escuela Naval Militar.
En este sentido cabe destacar, que desde los albores de nuestra independencia, fue preocupación de algunos gobernantes, preparar adecuadamente a los oficiales,para conducir a sus ejércitos en la guerra. A partir de entonces, y luego de casi sesenta años , hasta la presidencia del procer, muchos fueron los intentos, pero todos ellos fallidos.
     Fue él, desde su puesto en el Senado de la Nación, quien dijera esta frase que es un reto para aquellos, que ignorantes o no, de lo que representa el hombre de armas, o que desconocen o pretenden desconocer sus verdaderos valores: " hay profesiones cuyo apredizaje es largo y penoso, y para que ellas produzcan sus frutos, es indispensable que algunos miembros de la comunidad se consagren exclusivamente a ellas, para perpetuar sus tradiciones  y practicar sus teorías . De este número es la profesión militar que alarma tanto a estos " héroes de chimeneas", como llamaba Washington a los políticos detractores, que elevan sus quejas contra el ejercito, desde el fondo de una Cámara bien cómoda y bien abrigados mientras el pobre soldado ocupa una colina fría y estéril, y duerme sobre la nieve o sobre la escarcha, sin vestidos ni cobijas..."
    Su presidencia  no se desenvolvió sobre un lecho de rosas. En 1868 recibe un Pais fuertemente endeudado; no totalmente pacificado, debiendo sofocar varias rebeliones provinciales; debe combatir al indio que aún asolaba nuestras poblaciones, y hereda la delicada responsabilidad de continuar y terminar la guerra de la Triple alianza contra el Paraguay, contienda que desde 1865 sostenía la República, y en la cual perdiera la vida su hijo, el Capitán Domingo Fidel Sarmiento.
    Uno de sus primeros actos de gobierno fue solicitar la indispensable colaboración del Poder Legislativo, presentando ante él la real situación de este conflicto, y las exigencias ineludibles que aún podía imponer. Al abrir el período de sesiones del año 1869 en una parte del mensaje expresa:
" ... Tengo el deber de deciros que la Guerra del Paraguay aun reclama sacrificios. El Ejército Argentino es hoy el mismo que mandaron San Martín, Alvear, Belgrano, Paz, Lavalle, y tantos otros que tienen una página en la historia de América, con el mismo sentimiento del deber, la misma aspiración a la gloria, la misma disciplina y valor".
"...Hago todo lo que puedo, y esto es decir mucho, para devolver al soldado la confianza en su gobierno y el amor a las instituciones armadas..."
"...No pagar los ejércitos que van a morir por defender la Patria, por no disminuir los goces o las riquezas de los que viven a la sombra de la seguridad que aquellos le dan, es un expediente en que la hidalguía y la honradez no quedan bien paradas. El castigo por esas injusticias nunca se hace esperar ......
    Por todo ello, los hombres de armas veneramos su memoria, por todo lo que hizo en beneficio de las Fuerzas Armadas de la Nación, por el elevado concepto que de ellas tenía, y por el altar donde las ubicó.
Como ya lo expresara, serían innumerables los aspectos que deben recordarse de la acción sarmientina, todos válidos y ricos en enseñanzas, como su pasión por la libertad y la justicia, su fe en la educación, como el solo instrumento de adelanto intelectual y moral, su vasta y varia- da obra literaria y periodística, sus triunfos y fracasos políticos, y su inmensa contribución a la Argentina moderna. Pero conocer, admirar, y exaltar la figura del gran sanjuanino solo cobra sentido si estas enseñanzas, que nos ha dejado, no terminan en meros actos protocolares, sino que nos impulsen a redoblar esfuerzos para hacer realidad la Patria que él soñó, enseñar con el ejemplo, y mantener vivos los valores éticos y morales que nos legaron los que nos precedieron, y para que estos sean la herencia más preciada que dejemos a las futuras generaciones.  Sarmiento honró a su padre y a su madre, haciendo honor a su linaje, y aunque nació,vivió y murió pobre materialmente, fue siempre rico, por haber llevado consigo ese inmenso bagaje espiritual y cultural heredado de sus mayores y maestros, el cual, con su gran talento, supo aplicar para servir a la patria y alcanza la gloria.
EDUARDO  SARMIENTO