JOSE MANUEL ESTRADA Y DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO

UNA CÁLIDA AMISTAD, CON DOMINGUITO DE POR MEDIO

por Gerardo Ancarola

 

A lo largo de todo el turbulento y fundacional siglo XIX nuestro país contó con varias generaciones que, según el momento histórico en que les tocó actuar - Las invasiones inglesas, la Revolución de Mayo, las guerras de la Independencia, la anarquía, la tiranía, la Organización Nacional, la consolidación de las instituciones, la modernización económica (poblando el desierto, cultivando la tierra y promoviendo el progreso), la gigantesca tarea de 'educar al soberano', etcétera- lo hicieron - con desinterés, lucidez y grandeza.

Pero dos de esas generaciones, la del '37 y la del '80, fueron las que en realidad le imprimieron carácter a la Argentina, e hicieron de una nación desértico, semi bárbara y alejada de los centros mundiales de ¡a civilización, una sociedad democrática integrada, culta y próspera, ubicada a la vanguardia de Latinoamérica y entre las más ricas del mundo'.

En la generación del '37 - cuyo jefe fue Esteban Echeverría (1805-1851) hay figuras que gravitaron en forma decisiva, tanto en el período de gestación de esa generación, como en el reinado' 'Por ejemplo, están los casos de Juan Bautista Alberdi (1810-1884) y Domingo Faustino Sarmiento (1811- 1388). El primero fue la cabeza jurídico política más completa del continente; el segundo, sencillamente un hombre genial, cuya influencia es tan enorme en nuestro devenir "que si no hubiera existido, la Argentina no sería hoy lo que es"'.

La generación del '80, más numerosa, y compacta comprende, aproximadamente, a los nacidos entre 1842 y 1857 y, prosiguiendo con la tarea emprendida por sus antecesores, prolongaran el brillo de su obra hasta los fastos del Centenario. Una de sus figuras más características fue José Manuel Estrada (1842-1894), quien desplegó una acción cultural, política, ideológica y docente de vastos alcances. En varias oportunidades nos hemos referido a su vida y a su obra múltiple y variada, ya que por sus firmes convicciones católicas es todo un paradigma. Pero además, por sus esfuerzos a favor de la educación popular es una suerte de continuador y complemento de Sarmiento,- aunque sectores de ostensible, o larvado, sectarismo pretendan enfrentarlos o colocarlos como figuras antitéticas.

De ahí que cuando el sanjuanino accede a la Presidencia de la República en octubre de 1868, Estrada, un joven de sólo 26 años, pero ya considerado un valor promisorio de la vida nacional, lo recibe con estas expresivas palabras: 'Actualmente, sonríe una esperanza a los pueblos argentinos que impone una severa responsabilidad al hombre que la suscita. Va a asumir las funciones del Ejecutivo Nacional un ciudadano que ha consagrado largos años y hermosas tareas a fomentar la educación popular, cuyo sistema y organización acaba de tener oportunidad de estudiar más a fondo aún y en sus últimos adelantos, en la sociedad que mejor entiende y con mayor entusiasmo cultiva la preparación de las generaciones nuevas para la libertad. Tenernos razones al abrigar esperanzas en su gobierno y él tiene el deber de satisfacerlas ¡Dios lo ilumine!".

Sarmiento, a su vez, prácticamente recién llegado de los Estados Unidos, al designar su primer gabinete nombra como Ministro de Relaciones Exteriores a Mariano Varela y le encarga la subsecretaría a Estrada. Recuérdese que en esos momentos, por la Guerra contra el Paraguay, éste era quizás el Ministerio clave. Pero además, pocos meses más tarde, el 19 de febrero de 1869, nombra por decreto, como primer profesor de Historia Argentina en el Colegio Nacional de Buenos Aires a Estrada, donde no sólo dictaría clases magistrales sino que dejaría en sus discípulos huellas imborrables de saber y de conducta.

Pero lo que siempre me llamó la atención es que, a pesar de la diferencia de edad que separaba a Sarmiento de Estrada - más de treinta años- y de distintas concepciones políticas e inclusive ideológicas que sustentaban, se admiraban, se respetaban, llegaron a tener coincidencias vitales sorprendentes y, en las postrimerías de sus ricas trayectorias, acciones políticas comunes. Más aún, si se espigan las Obras Completas de Sarmiento (Editorial Luz del Día, 53 volúmenes, Buenos Aires, 1948) se comprueban las numerosas opotunidades en que se refiere a Estrada (Tomos XXI, XXX, XXXIX, XLIV, XLVII, XLVIII, C, CII, etcétera) y en algunos casos con grandes elogios hacia su formación y su inteligencia, corno cuando afirma 'del joven Estrada he gustado mucho de sus lecturas sobre historia' y lo insta a 'que consagre su bello talento a ilustrar al público sobre los intereses de la educación' (Tomo XIX, pág. 197), consejo que luego, está visto, seguiría. A su vez Estrada, también hojeando sus Obras Completas (Editorial Librería del Colegio, 12 volúmenes, Buenos Aires, 1899) lo menciona con admiración como vimos anteriormente (además en Tomos III, VII, IX, etcetera)

Por ello, en varias oportunidades analicé el hecho, la última vez en un breve ensayo que ha sido publicado'. Sin embargo, el tema me rondaba en la cabeza, sin descubrir las razones por las que afectivamente estaban tan vinculados.

 

 

Una amistad significativa

Pero últimamente, rastreando sus obras escritas y sus papeles, considero haber encontrado el motivo que uniera, sobre todo sentimentalmente, a los dos esclarecidos próceres.

Se trata, nada menos, que la fraternal amistad que se profesaron el hijo adoptivo de Sarmiento, Domingo Fidel Sarmiento (1845-1866) - "Dominguito" y José Manuel Estrada. Ambos jóvenes eran de una misma generación. Se conocieron en los círculos sociales, literarios y políticos del movido Buenos Aires de la época. Todos quienes trataron a Dominguito --con rara unanimidad- coinciden en que era una persona dotada de promisorias aptitudes intelectuales, de una suerte de especial carisma para manejarse socialmente y demostrar desde adolescente, inquietudes políticas superiores a los de su edad. Cabe aquí consignar que tuvo la suerte de compartir su vida con una generación de jóvenes que luego demostrarían poseer notables condiciones, ya que forman parte de esa mítica generación del '80.

Sobre la vida de Dominguito no voy aquí a entrar en detalles. En su brevísima existencia dejó huellas claras de sus actividades sociales; fue presidente del Club de Estudiantes cuya Comisión Directiva también integraban Eduardo Wilde (1844-1913) y Victorino de la Plaza (1840-1919); del Liceo Histórico y de Círculo, entidad sobre la que volveré a referirme más adelante. De su producción intelectual, quedan algunos de sus escritos y discursos - que muestran una cultura inusual para su edad- y varias cartas donde con vivos trazos se reflejan problemas sociales de la época y las acciones bélicas de la Guerra del Paraguay, donde una vez estallado el conflicto, se alistó de inmediato, y donde en definitiva muere en el asalto a Curupaity, el 22 de septiembre de 1866, contando sólo con 21 años de edad. Remito para conocer integralmente su personalidad, a la obra que su padre Domingo Faustino Sarmiento, le dedicara con dolorido sentimiento en 1886 y que hoy integran las Obras Completas en si Tomo XLV.

Cabe consignar, que Dominguito se instala en Buenos Aires en 1858 - tenía entonces 13 años - y que en los últimos cuatro años de su vida estuvo separado de Sarmiento, a la sazón primero gobernador de San Juan y luego, comisiona do por el presidente Bartolomé Mitre (1821-1906), en misiones diplomática a Chile, Perú y finalmente radicado como embajador en los Estados Unidos de América, de donde regresaría recién en 1868 para hacerse cargo de la primera magistratura nacional.

En Buenos Aires, Dominguito tuvo entonces - y lo dice concretamente su padre- como una especie de tutores a Lucio V. Mansilla (1831-1913), Nicolás Avellaneda (1837-1885), Guillermo Rawson (1821-1890) y hasta al propio Mitre que lo 'consideraba un hijo más' Aquí, en la Capital Federal, como anticipamos, por méritos propios y por sus lazos con Sarmiento, que ya tenía un enorme peso político y cultural, se fue constituyendo en un referente joven indiscutible.

En mayo de 1864, por ejemplo, en el Liceo Histórico, Dominguito a los 19 años, pronuncio una conferencia titulada "Apreciaciones históricas de La muerte de Cesar de Ventura de la Vega' que tuvo general aceptación y que motivó que se organizara una gran cena en cuyo transcurso surgió la idea de fundar un Círculo literario con el objeto de reunir todas las inteligencias argentinas, cualquiera fueran sus opiniones. Se encargó de organizar el Círculo a José Manuel Estrada y a Lucio V. Mansilla, mayor que todos ellos, pero que ejercía fuerte influencia en Dominguito. A la institución, se incorporaron además de los dos nombrados, Eduardo Wilde, Nicolás Avellaneda, Estanislao del Campo (1834-1880), Pastor Obligado (1818- 1870), Dardo Rocha (1838-1921), Valentín Alsina (1802-1869), Carlos Guido Spano (1827-1918) y Adolfo Alsina (1829-1877) por no citar sino los más conocidos de entre los más de sesenta integrantes del Círculo.

Otra actividad intelectual importante de Dominguito, fue el prólogo y la traducción de la obra de Laboulaye París en América - que tuvo gran repercusión por sus elogios a la organización constitucional americana - y que efectúa con Lucio V. Mansilla".

Pero la relación con José Manuel Estrada - que tendría, como veremos, enorme trascendencia- la deduzco de una carta del 19 de agosto de 1864 y que se encuentra en mi poder, donde éste se dirige a Dominguito como "Querido Sarmiento". Comienza entonces por comunicarle que en su última carta Ventura de la Vega se refiere al discurso, que como se recordará pronunciara sobre La muerte del César, para transcribirle textualmente y entre comillas parte del párrafo que a él se refiere y donde se expresa ' ... está magistralmente escrito. Si V. le trata, hágame el gusto de darle mis más expresivas gracias por la benevolencia en que juzga mi obra y por las simpatías que manifiesta hacia mi persona' (sic). Cabe hacer notar, que por entonces Ventura de la Vega (1807-1865) - nacido en Buenos Aires y radicado en España desde 1818- era considerado en la península como uno de los más grandes intelectuales. A la edad de sólo 35 años había ingresado a la Real Academia de la Lengua. Compañero de José de Espronceda (1808-1842) --otra figura literaria española por entonces descollante - escribió poesías y obras teatrales, manejando el idioma con soltura. Pero hoy, en perspectiva, se considera que su lirismo no rayó a gran altura. La muerte de Cesar, sin embargo, fue un drama histórico muy festejado y donde aboga por el cesarismo.

Siguiendo con la carta, Estrada le devuelve un ejemplar de Vico '...que te pertenece y que tenía en mi poder hace tiempo' (sic). Pero a su vez, le reclama el ' ... discurso de Montalembert que te presté por la misma época, Hazme el favor de devolvérmelo, enviándome al mismo tiempo el "Paris en América" (en francés) que me ofreciste. Tuyo afectuosamente, J. M. Estrada' (sic); (los destacados están en la misiva). Corresponde también consignar que poco tiempo después de esta carta es cuando Dominguito traduce y prologa la obra de Laboulaye.

De esta interesante carta pueden extraerse algunas primeras conclusiones: por lo pronto, el alto nivel intelectual, dado los libros que se intercambiaban, que estos jóvenes ya tenían y los parámetros ideológicos en los que ambos se movían. A ello agréguese el fraternal trato que se dispensaban, cuyas consecuencias ya analizaremos.

Poco tiempo después, Dominguito partiría al frente de batalla. En el libro que Sarmiento le dedicara están las vicisitudes que en los esteros paraguayos soportó, hasta que una granada lo hiere en el talón y termina desangrándose. Su muerte y en la misma batalla la del hijo del entonces vicepresidente de la República, Marcos Paz, causó una enorme conmoción en todo el país. La llegada de los restos de ambos dio lugar, el 7 de octubre, a una imponente manifestación de duelo. Ante la tumba de Dominguito hablaron varios oradores que destacaron sus virtudes, entre ellos, Nicolás Avellaneda, Santiago Estrada (1841-1891) - hermano de José Manuel y compañero del mártir -, Pedro Goyena (1843-1892) y José C. Paz (1842-1912), también su condiscípulo y luego fundador del diario La Prensa. Todo este también está reflejado en el libro que Sarmiento le dedicara a su hijo.

Sin duda, lo más trascendente de esta amistad entre estos jóvenes, es que sirvio de nexo para que Sarmiento se vinculara tan estrechamente con Estrada y que le hiciera las primeras designaciones, tanto en la función pública como en la docencia, que fueron el inicio de su fecunda carrera en esos ámbitos. Debe reconocerse que, por su precocidad literaria, Estrada ocupaba un lugar destacado en el horizonte intelectual argentino, ya que con sólo 26 años, por ejemplo, fundó y dirigió la Revista Argentina, una publicación cultural de gran influencia en su época".

Quizás el compartido amor por la enseñanza, la inteligencia y la temprana vocación por la cosa pública que tenía Estrada - más allá de las ocasionales divergencias políticas o ideológicas que a veces sostuvieron - pero sobre todo la juventud, le recordaban a Sarmiento a su amado Dominguito. Ahí habrá que buscar los motivos, por los que hasta el final de sus vidas, los dos próceres cultivaron fundamentales coincidencias.

 

Gerardo Ancarola