El país del Facundo

Por Alberto Julian Perez
de Texas Tech University

 

    En Facundo Civilización y barbarie, 1845, el escritor argentino Domingo Faustino Sarmiento (1810-1888) presentó un inteligente y moderno estudio interpretativo global y comprensivo de su nación: su territorio, su gente, su historia, su situación política. Publicado en Chile (país donde Sarmiento se encontraba exiliado), en el diario El Progreso, apareció en la sección de folletines desde el 2 de mayo hasta el 5 de junio de 1845 en veinticinco entregas (Yahni 18). Un mes después fue publicado como libro con dos capítulos finales adicionales. La obra así compuesta consta de tres partes. La primera parte del libro está formada por cuatro capítulos que describen el territorio nacional, su gente, su cultura y la historia independiente de su patria. Estos primeros capítulos resultaron sumamente influyentes en el posterior desarrollo de la literatura y la cultura argentina. La segunda parte es la biografía del caudillo "barbaro" de la provincia de La Rioja Facundo Quiroga, que Sarmiento transforma en un estudio de la barbarie, y la tercera el programa político liberal con el que se indentificaban Sarmiento y sus compañeros de la Generación del 37, entre ellos Bartolomé Mitre, Esteban Echeverría, Juan B. Alberdi, Vicente F. López y José Mármol. Al año siguiente, en 1846, Echeverría, exiliado en la Banda Oriental del Uruguay, publicará en Montevideo su Ojeada retrospectiva sobre el movimiento intelectual en el Plata desde el año 37. Y en 1852, el mismo año en que cae el tirano Juan Manuel de Rosas, Alberdi da a conocer en Chile sus Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, donde estudia la situación política de su país y ofrece un modelo constitucional que influirá profundamente en la concepción política y redacción de la constitución argentina de 1853. Sarmiento, Echeverría y Alberdi contribuyeron con sus escritos al estudio de la problemática argentina de su hora y plantearon un programa consistente de desarrollo liberal para la nación.

El Facundo propuso una tesis amplia de interpretación, de base sociológica, del hombre americano. Sarmiento dividió el desarrollo social nacional en dos etapas, "civilización" y "barbarie". El hombre, según su visión, evolucionaba de lo más simple a lo más complejo. En su estadio más simple el hombre era un ser "salvaje" y en su estadio más complejo debía alcanzar el estado de "civilización". La "barbarie" era un estadio intermedio de desarrollo, desde el cual el hombre podía retroceder al salvajismo o progresar a la civilización. Los representantes de la barbarie en Argentina eran los gauchos y los caudillos. En el territorio nacional había también seres "salvajes": los indígenas que habitaban y dominaban el extenso territorio sur del país, pero Sarmiento, desde su perspectiva política, no los consideraba integrantes legítimos de la nación.

La Argentina estaba en una situación de crisis. Era un país desequilibrado. La mayor parte de sus habitantes vivían diseminados en una gran extensión de territorio muy poco poblado y constituían una sociedad rural. Sarmiento muestra, en los primeros capítulos del libro, cómo se forma un tipo humano único, resultado de la naturaleza del país, su gran extensión, sus características geográficas (la Argentina era una gran cuenca orográfica que desembocaba en el estuario del Plata). Este tipo humano era un paisano adaptado a la vida inhóspita y difícil de las llanuras y los montes: el gaucho. La soledad del territorio, la falta de población, hacía imposible, consideraba Sarmiento, la vida civilizada. En su concepto, civilización equivalía a vida urbana moderna, y barbarie, a vida rural primitiva. Solamente la vida urbana moderna, tal como se daba en Europa Occidental y en Norteamérica, podía ser foco de la civilización. Gracias a la concentración urbana el ser humano podía acceder a una educación común popular, democrática y relacionarse con los otros hombres, formarse sus propias ideas y tomar decisiones políticas responsables, como miembro de la civis.

Para Sarmiento el ser civilizado debía ser un ciudadano educado, vivir en sociedad, y luchar por sus ideales, tal como él mismo lo hacía en su propia vida. Partiendo de estas ideas, hace en el Facundo el diagnóstico de los males argentinos. Para fomentar este tipo de hombre, educado en las modernas disciplinas del saber europeo: las ciencias, las humanidades, las artes, la literatura, la historia, había que crear la sociedad liberal que, en 1845, con el tirano Rosas en el poder, no existía en Argentina. El sector liberal, que había alcanzado el poder durante el gobierno unitario de Bernardino Rivadavia, el primer presidente, en 1826, sufría en esos momentos un acoso constante. El tirano había hecho votar al pueblo en plesbicito, exigiéndole se le concedieran poderes especiales: la suma del poder público, que equivalía a un renunciamiento de los derechos políticos de la ciudadanía en favor del gobernador y su elevación a la tiranía absoluta, a la concentración de todos los poderes del Estado en sus manos, eliminando la división de poderes y la contención de unos poderes por otros. Había desaparecido la salvaguardia de la democracia representativa, el pueblo había abandonado sus derechos en manos de un demagogo (Facundo 312).

Sarmiento analiza las causas profundas del fracaso liberal: entiende que Facundo, Rosas y el caudillismo eran consecuencia de la desintegración social argentina que los había precedido y hacía imposible una organización política democrática y liberal. El gaucho era el ser semisocializado, emergente de las condiciones anómalas, atípicas, de la sociedad nacional. La evolución social e histórica argentina, eventualmente, conduciría a la superación de la barbarie y de su producto humano, el gaucho. Si Sarmiento es terminante al considerar al gaucho como producto de la sociedad bárbara, no por eso deja de reconocer en el gaucho múltiples cualidades, que darían mejores frutos una vez que éste se civilizara, es decir evolucionara, transformándose en el hombre civilizado moderno. José Hernández, varios años despues, también defenderá las ideas liberales, en la segunda parte de El gaucho Martín Fierro, 1879, cuando le hace decir a su narrador que el gaucho debe tener familia, trabajo, educación y derechos, y someterse a la ley del estado liberal (Martín Fierro 350). Los "hijos" de Fierro, como lo comprobamos en Don Segundo Sombra, ya no son gauchos: son peones, trabajadores rurales en una sociedad rica y progresista.En Facundo esta transformación aún estaba por hacerse.

Las cualidades más positivas del gaucho, cree Sarmiento, son la inteligencia natural que demuestra en el ejercicio excelente de los trabajos rurales, la gran fe en su propio valor, que le permitió destacarse y triunfar en las guerras de independencia, su privilegiada sensibilidad, su carácter imaginativo y poético (Facundo 63-93). El gaucho, ese germen del argentino del futuro, es en todo sentido un ser extraordinario. La sociedad y los malos gobernantes, con su egoísmo, conspiran contra él. Su personalidad, sin embargo, también muestra aspectos negativos. Como ser bárbaro es un individuo cruel, cambiante, que pasa de la indiferencia a la ira, y en lugar de reflexionar se deja llevar por sus institintos. Sigue ciegamente a sus jefes, sin pensar. Es víctima de los caudillos. Estos, a su vez, son los jefes bárbaros bestiales y egoístas que gobiernan al grupo. Ponen sus cualidades bárbaras al servicio de sus propios intereses. Son destructivos para la patria. Es imposible constituir una sociedad moderna con individuos bárbaros.

Para Sarmiento una sociedad en desarrollo tiene que aspirar a tener instituciones sólidas y modernas. El individuo aislado no contribuye a la formación social, es una fuerza disolvente. En el caso del gaucho, su aislamiento no era total. La pulpería, el almacén de campo, proveía las condiciones para formar una base social de agrupación (Facundo 95-105). Igualmente, las prácticas religiosas, aunque informales, creaban una configuración espiritual especial en el hombre argentino. Las condiciones irregulares de la vida llevaban a la constitución de una sociedad semicivilizada, bárbara. El gaucho participaba de la vida cultural y política de su mundo rural bárbaro. Pero el ser nacional argentino debía evolucionar hacia el estado de civilización. Para lograr esto las instituciones embrionarias: educativas, religiosas, políticas, debían transformarse en instituciones funcionales y eficientes, representativas de los intereses del estado liberal. Hacía falta educar al ciudadano del futuro, crear prácticas religiosas racionales, fundar partidos políticos democráticos y liberales. El territorio argentino, desgraciadamente, estaba en esos momentos escasamente poblado. El ser argentino no podía progresar solo, aislado. Era necesario poblar el territorio, formar núcleos sociales civilizados y extenderlos a lo largo de todo el país.

Si bien Sarmiento defendió las ideas liberales, no perteneció a la primera generación liberal que había liderado Bernardino Rivadavia, hasta su renuncia a la Presidencia de la nación en 1827 (Shumway 81-111). Apoyando las ideas de los jóvenes intelectuales de la Asociación de Mayo, Sarmiento critica indirectamente la nación unitaria del Presidente liberal Rivadavia y los unitarios que continuaron su partido, liderado en esos momentos por Florencio Varela, el jefe de la Comisión Argentina de Montevideo (Facundo 343-7). Sarmiento creía en un liberalismo no tan dogmático y doctrinario como había sido el primer liberalismo, el nuevo liberalismo debía responder a las circunstancias históricas concretas del país. Mantuvo una posición más relativista y abierta que la que habían sostenido los liberales Moreno, Monteagudo y Rivadavia: Sarmiento consideraba necesario nacionalizar el liberalismo. Así, las formulaciones políticas debían surgir del análisis de la realidad nacional. El Facundo es un ejercicio de observación crítica de la Argentina y de planificación de una política futura adaptada a las necesidades del país real.

Sarmiento esboza un método de observación que resulta novedoso en Argentina: la historia biográfica. A través de la biografía del proto-caudillo Facundo Quiroga Sarmiento trata de entender los mecanismos del poder tiránico en la Argentina (Facundo 48). Facundo es un eslabón histórico de un proceso que no se ha interrumpido, por cuanto su modo de dominio político se continúa en Rosas, el caudillo que emergió como el triunfador en la lucha de poder interregional y logró concentrar los hilos del poder en sus manos, constituyéndose de hecho en un gobernante omnímodo, en un país que no estaba regido por una constitución. Rosas demostró una gran habilidad para centrar el poder político en su persona y dirigir el Estado. Sarmiento es un agudo observador, en la tercera parte del libro, de ese fenómeno político singular llamado Rosas. Según Sarmiento, la mayor contribución política de Rosas a la República era la unificación del poder nacional bajo su mando, resolviendo de hecho las tensiones regionales que amenazaban la integridad del territorio, particularmente entre Buenos Aires, la ciudad puerto y las provincias del interior (Facundo 356). Gracias a esa evolución ocurrida durante el mandato de Rosas, la República estaba en condiciones de tener un gobierno unificado y, sobre todo, de darse una constitución nacional que no siguiera el mismo destino que las anteriores, que fueron rechazadas por las provincias.

Sarmiento, como intelectual y político, creía en el poder de observación del estadista: su aproximación era más práctica que doctrinaria. Defendía los principios liberales, sobre todo la necesidad de educar al pueblo para tener una nación digna y libre. Era el Estado el que debía fundar escuelas y proveer la educación gratuita y obligatoria de los ciudadanos. También era el Estado el que debía proyectar una política de desarrollo nacional a largo plazo: la política egoísta y oportunista de Rosas no era suficiente para desarrollar el país, al que mantenía en el atraso. Argentina era un país "medieval", manejado como una estancia de ganados por un caudillo populista, abusivo e inescrupuloso (Facundo 323). Si Rosas había logrado con éxito unificar el país había sido a expensas de las libertades de los ciudadanos, y después de ejercer el terror de Estado por largo tiempo, y mantener a Argentina en pie de guerra constante. El gobierno liberal debía restituir esas libertades civiles a los argentinos, sancionar una constitución nacional, una ley máxima común que estableciera el pacto de existencia del país en forma definitiva.

Sarmiento explica claramente que, si bien el poder de los caudillos tuvo algunos aspectos positivos, éstos fueron un mal para el país. Lo desgarraron en guerras civiles destructivas. Su idea del país futuro era muy distinta a la que habían sostenido los caudillos. Compartía sus creencias acerca del Estado liberal con la generación de jóvenes intelectuales de la Asociación de Mayo, que procuraban esbozar un proyecto nacional desde el exilio en Chile y la Banda Oriental del Uuruguay. La interpretación liberal de estos jóvenes tenía sus puntos débiles; eran en su mayoría estudiantes y periodistas, nutridos de lecturas europeas y norteamericanas, idelistas que aún no se habían enfrentado con la realidad del gobierno. Creían que sólo ciertos ciudadanos debían tener derechos políticos, desconfiaban del sufragio universal y defendían el voto restringido, diferenciándose de los caudillos populistas. Rosas había practicado el sufragio universal y autorizado plesbicitos populares, en los que votaban propietarios y no propietarios, independientemente de su etnia. Cortejaba el apoyo político de los negros y las mujeres y hacía tratos con los indios. Sarmiento restringía la participación política: sólo deberían votar las personas educadas en los valores de la democracia liberal. Era un criterio elitista y antipopulista, que excluía sectores mayoritarios de la población.

Sarmiento desconfiaba de los elementos populares que componían la República: odiaba a los caudillos y a sus gauchos, que políticamente los apoyaban y los defendían militarmente. Idealizaba el poder de la mente y del intelecto para controlar racionalmente el futuro político del Estado. Su utopía política era voluntarista y racionalista. Creía en la voluntad de acción de las minorías ilustradas. Estas minorías debían ejercer el liderazgo político en la sociedad liberal futura.

Sarmiento ayudó a través del Facundo a enunciar el proyecto de un Estado liberal exitoso, contribuyendo a su creación política. También propuso un método crítico efectivo para entender su sociedad. En lo estrictamente cultural esbozó la teoría de un ser nacional original y con cualidades propias: el gaucho. La sociedad sui generis en que vivía había producido este ser único, que estaba mucho más cercano a la naturaleza que el hombre civilizado. Siguiendo a de Tocqueville, había aprendido a observar la sociedad manteniendo un cierto distanciamiento con ésta, buscando objetividad: él no era un gaucho, ni sentía simpatía por el gaucho, sin embargo logra explicarlo en sus aspectos sociales positivos y negativos. En este sentido, y como lo sostendrá años después José Ingenieros, contribuye a crear y establecer la sociología argentina (Ingenieros 279).

Sarmiento pudo ver la historia y explicarla como resultado del enfrentamiento de fuerzas vivas, dinámicas. Sus actores políticos: los caudillos y los unitarios, interpretan la lucha trágica por la supervivencia del más apto en un medio hostil y peligroso. En su historia no prevalece el más justo, sino el más fuerte. Su ética respeta el egoísmo individual. Este egoísmo individual no era enteramente negativo, excepto cuando el poder del egoísta era excesivo y se transformaba en un tirano injusto y violento. Ese mismo egoísmo, como lo vería pocos años después en EEUU durante sus viajes, hacía posible tener municipalidades y gobiernos comunales responsables y progresistas (Viajes 443-609). La sociedad mercantil tenía que depender del egoísmo creativo y la libertad individual de sus integrantes. Pero tenía que ser un egoísmo responsable y los miembros de la comunidad participar de la organización social. Sarmiento era un individualista, como lo serían luego muchos de los héroes de la historia y la literatura argentina, como Bartolomé Mitre y José Hernández. El estado burgués necesita de la voluntad y la libertad individual para realizar su potencial.

Si bien Sarmiento no escribió obras de literatura de ficción, sino ensayos, biografias, memorias y artículos periodísticos, fue un agudo y temprano observador de los fenómenos literarios. Aunque el Facundo no analiza en detalle la producción literaria e intelectual en el Plata, como lo haría poco después el libro de Echeverría Ojeada retrospectiva..., presenta una manera original de observar y plantear el fenómeno literario. Para Sarmiento la literatura no es producción exclusiva de la cultura letrada. Atento a los fenómenos de los pueblos, y consciente del grado de analfabetismo que sufría el pueblo argentino, no por eso le niega su capacidad literaria. Sarmiento registra el fenómeno de la poesía no sólo en su aspecto culto sino en el popular: declara que el pueblo argentino tiene sus cantores propios y que el gaucho gusta de cantar (81). Es más, el gaucho cantor tiene tanta popularidad entre los paisanos, que es reconocido y apreciado como tal (91).

Sarmiento reconoce el valor de la literatura nacional culta, como la poesía neoclásica de Juan Cruz Varela y la poesía romántica de Esteban Echeverría. Cree que la obra de Varela poco agrega al "caudal de nociones europeas"; Echeverría, en cambio, en "La cautiva", ha logrado inspirarse en la naturaleza americana. Sarmiento considera que la naturaleza americana tiene que ser motivo de inspiración poética para el escritor nacional. Cita el caso del novelista norteamericano Fennimore Cooper, en cuyas obras El último de los Mohicanos y La pradera, la naturaleza tiene un papel protagónico (77) . Sarmiento reconoce la individualidad de la experiencia americana, su originalidad histórica. América es un mundo nuevo y distinto, y ha producido un nuevo tipo de hombre y una nueva cultura, y es este fenómeno singular el que registra su literatura. Entre todos los géneros literarios, valora singularmente la poesía, y en su opinión "el pueblo argentino es poeta por carácter, por naturaleza (78)". La naturaleza grandiosa, la enormidad del paisaje lo inspiran. Sarmiento concibe así la literatura (como también la religión y la política) como un fenómeno social que genera una práctica institucional. La literatura es parte integral del fenómeno de la cultura en general.

La educación oficia en su visión como el canal que logrará transferir la cultura de lo invidual a lo social, que institucionalizará el saber y lo volverá útil para el pueblo y para la patria. El poder de producción cultural radica en la esencia del hombre y del pueblo: hay literatura (culta) del hombre letrado, y poesía campesina del pueblo pastor. Sarmiento vincula esta poesía campesina, que registra sucesos de la campaña, con la labor del bardo medieval, cronista de su tiempo. Explica aquí un hecho singular: la Argentina, con su campaña bárbara y sus núcleos urbanos civilizados, es una sociedad polarizada que vive en dos tiempos: "En la República Argentina se ven a un tiempo dos civilizaciones distintas en un mismo suelo: una naciente, que sin conocimiento de lo que tiene sobre su cabeza está remedando los esfuerzos ingenuos y populares de la Edad Media; otra que sin cuidarse de lo que tiene a sus pies, intenta realizar los últimos resultados de la civilización europea: el siglo XIX y el XII viven juntos; el uno dentro de las ciudades, el otro en las campañas (91)".

Sarmiento concibe la sociedad moderna como una sociedad inclusiva y abierta, que se proyecta orgánicamente hacia el futuro. El deber del gobernante es conducir un proceso racional y ordenado de gobierno. El Estado debe crecer según un plan racional a ser implementado por sus elites educadas en beneficio de toda la población. Ese Estado, para Sarmiento, como para Alberdi y Echeverría, no es una entidad aislada. Modernizarse es insertarse en el mundo y en la historia. De acuerdo a su criterio las sociedades líderes son las europeas, pero, y tal como lo comprobaría personalmente en sus viajes, Estados Unidos es el mejor ejemplo de desarrollo modernizador para las sociedades latinoamericanas, por cuanto el proceso histórico estadounidense guarda mayores semejanzas con el de las repúblicas latinoamericanas que el proceso de las sociedades europeas (Viajes 443-609). Frente a una Europa contradictoria, que restauraba las monarquías, las repúblicas americanas se mostraron ávidas defensoras de las democracias y sus libertades.

Para un pensador liberal como Sarmiento lo esencial era devolver al pueblo las libertades conculcadas por las dictaduras de los caudillos. Una vez devueltas estas libertades, la sociedad argentina se proyectaría hacia el futuro, después de superar ese escollo que era la sanción de una ley fundamental que constituyera definitivamente al país como un estado común. Esa unidad, en la práctica, era un hecho y, paradójicamente, el caudillismo había ayudado a unificar el territorio de la nación (Facundo 367-73). La barbarie había contribuido a la futura civilización, porque formaba parte del proceso histórico evolutivo de los pueblos. Proceso que marcaba a la historia argentina con el carácter de su cultura: el mundo del gaucho.

Sarmiento registra el fenómeno del gaucho y le da pleno valor en la cultura nacional. Pero la sociedad argentina, dinámica, histórica, inevitablemente debía marchar hacia un futuro de desarrollo. Las fuerzas económicas formarían una nación moderna, similar a las que poblaban el continente europeo y a la que ya emergía con fuerza y singularidad en los Estados Unidos de Norteamérica. Si bien la campaña tuvo un peso constitutivo en la vida nacional, la sociedad del futuro sería una sociedad urbana. El gaucho, de enorme peso histórico, sería socialmente sería superado por el progreso. Quedaría como un representante de la nación primitiva y bárbara. El argentino del futuro sería un individuo civilizado, urbano, educado, trabajador. Este sueño, en 1845, cuando escribió el Facundo, parecía muy lejano. Pocos años después, él mismo y sus compañeros de generación lo llevarán a la práctica, participando activamente en la vida política. Entonces comprenderán también que el paraíso liberal tenía sus limitaciones.

La imagen del mundo nacional que más influencia tuvo en la formación de la cultura argentina no fue la que Sarmiento político difundiera a través de sus discursos durante su presidencia, sino el mundo presentado en su libro periodístico: el Facundo. Durante sus años de exilio chileno fue productiva e incansable la pluma de Sarmiento; a Facundo le siguieron Viajes,1849; Recuerdos de provincia,1850; Argirópolis,1850; Campaña en el Ejército Grande, 1852. Son los libros que aseguraron su gloria como escritor. Entre éstos fue Facundo, escrito a los treinta y cuatro años de edad, su obra maestra, matriz polémica de una cultura que se vio a sí misma como resultado de una ingente lucha vital histórica, en la que el ser nacional argentino buscaba producirse para tener un destino propio en la historia de las naciones.

Bibliografia citada

Alberdi, Juan Bautista. Bases y puntos de partida para la organización política de la
República Argentina. Buenos Aires: Editorial Plus Ultra, 1991.
Echeverría, Esteban. Ojeada retrospectiva sobre el movimiento intelectual en el Plata
desde el año 37. Obras Completas. Buenos Aires: Antonio Zamora, 1951. Edición
de Juan María Gutiérrez. 57-97.
Ingenieros, José. Sociología argentina. Buenos Aires: Hyspamérica, 1988.
Hernández, José. Martín Fierro. Buenos Aires: REI, 1988. Edición de Luis Sáenz
de Medrano.
Sarmiento, Domingo Faustino. Facundo Civilización y barbarie. Madrid: Cátedra, 1990.
Edición de Roberto Yahni.
----------. Viajes. Buenos Aires: Editorial de Belgrano, 1981.
Shumway, Nicolas. The Invention of Argentina. Berkeley: University of California
Press, 1991.
Yahni, Roberto. "Introducción". Facundo...11-32.