FACUNDO Y LA MODERNIDAD.

Por Miguel Angel Forte

 

        Llamamos modernidad a una época que ya tiene aproximadamente 500 años de antigüedad, anunciada por el Renacimiento, la Filosofía Racionalista y la Ilustración, el individualismo que incluye un intenso proceso de secularización, la formación de los estados nacionales y la transición del Estado Absolutista a las democracias burguesas. Agregamos además en el momento de las definiciones que la modernidad puede comprenderse como una dialéctica entre dos procesos: la modernización y el modernismo.

    Así, mientras la modernización da cuenta de la transformación económica, científica y tecnológica, el modernismo de las reflexiones acerca de los cambios en la subjetividad en aquel proceso de transformación. O, si se quiere el modernismo es la conciencia de pertenencia a la época que ante la pregunta acerca de la condición humana creó los valores de la época.

     También se llama modernidad al conjunto de transformaciones institucionales que se producen en Europa alrededor del siglo XVII.

    Los que conocen la página de Internet de esta institución, recuerdo www.sarmiento.org.ar pudieron leer el artículo: "Sombra positiva de Facundo" inspirado en mi tesis de grado: "Los rasgos positivistas en el Facundo de Domingo Faustino Sarmiento". Este último material, se encuentra en la Biblioteca de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

    Nuevamente entonces volvemos al Facundo, un texto moderno y novedoso, donde se combina la originalidad en sí que incluye la presencia de elementos de factura positivista que como expresé en la tesis y reiteré en el escrito de la página institucional, no figura, según los biógrafos consultados, Augusto Comte entre las lecturas de Sarmiento, por lo menos al momento de la escritura de Facundo.

    Recordemos también que como respuesta a la visita del enviado de Rosas, Baldomero García, cuya presencia en Chile tiene por objeto protestar ante el gobierno transandino por la actividad que estaban desarrollado los argentinos en el exilio, Sarmiento escribe Facundo.

    Fue entonces la inmediatez de los acontecimientos y la premura de su escritura aquello que fortaleció el carácter político de Facundo. Según el biógrafo Palcos, Sarmiento:

    "Habría deseado escribirlo con mayor reposo. Anhelaba componer una obra metódica y completa, científica si cabe el término, sobre la base de la documentación oficial, acerca del caudillismo y el terror reinante en la Argentina. Apunta en el prólogo del libro a propósito de reescribirlo ajustado a un nuevo plan, en cuyo caso la pasión del libelista sería sustituida por la visión serena y el poder analítico de un Tocqueville".

    Pero, a pesar de la premura, de la intención política leemos en el Facundo desde el mismo momento de la invocación a los espíritus la preocupación de factura sociológica expresada en la búsqueda de sentido.

    Recordemos aquí que la sociología surge en la modernidad en su momento modernista y que se ha tratado de un discurso cuyo objeto fue precisamente hacer e interpretar al tiempo el orden social, valga la aclaración, moderno o si se quiere aquella actitud reflexiva que implica la sociología no se ha separado de la intención de producir un orden.

    Los textos entonces que reconocemos como fundadores en definitiva de los valores de la modernidad y que por ello llamamos modernistas siguiendo a autores como Lash en su Sociología del posmodernismo o el ya clásico texto de Berman, Todo lo sólido se desvanece en el aire combinan intenciones. Recordemos entonces por ejemplo a La ética protestante y el espíritu del capitalismo escrita por Max Weber en 1904, en donde no solo explora el origen del capitalismo en el marco del proceso de racionalización de occidente sino que también desarrolla y explica su metodología de los tipos ideales al tiempo que marca sobre el final su preocupación de que ese capitalismo racional al desprenderse de su matriz religiosa nos encuentre en el futuro enfrentados con la perdida de sentido y libertad a lo que él llamó, la "jaula de hierro".

    Si pensamos en otro texto fundante del modernismo como el Manifiesto Comunista cuando Marx nos presenta al fantasma que recorre Europa la revolución proletaria comunista describe la estrecha relación entre modernización y capitalismo y anticipa un mundo crecientemente globalizado con las palabras "demasiada civilización". De más está decir que los textos mencionados son de lectura     imprescindible en el estudio de la ciencia social en general y en la sociología en particular.

    En este espíritu y sin negar el objetivo fundamental de Facundo, es posible señalar elementos diversos que colocan al texto en la frecuencia de la modernidad.

    Recordemos entonces la ubicación del texto en tanto género literario diciendo en principio que rompe con los modelos tradicionales. Si lo ubicamos dentro de la novela y más exactamente dentro de la llamada "novela histórica" y se piensa en Walter Scott, por haber logrado dar verosimilitud al género, en la novela Ivanhoe -por citar una representativa-, coloca un plano de fondo histórico y un primer plano ficticio, por lo tanto, el personaje es ficticio y anecdótico. Mientras que en Facundo, el plano y el personaje son reales. Convengamos entonces que Facundo es un ensayo, si por tal se entiende según Jaime Rest:

...una composición expositiva, preferentemente en prosa, que suele proporcionar información, interpretación o explicación acerca de un asunto tópico, sin incluir procedimientos novelescos o dramáticos. Pese a esta última observación, cabe añadir que el ensayo posee una gran aptitud mimética y a menudo se confunde con el cuento, el diálogo o inclusive la biografía, la historia, la ciencia o el discurso moral. Su extensión, como en el caso del cuento, generalmente es limitada, pero a veces no es la dimensión sino la actitud lo que define la naturaleza del ensayo.

    Por el carácter y objeto de estudio, el Facundo, puede ser tomado como un ensayo sociológico con rasgos positivistas y mantiene -como la producción llamemos científico social de la época- concepciones cercanas a la filosofía de la historia de cuño iluminista y al posterior evolucionismo. O dicho de otra manera, el Facundo lo mismo que la sociología fundacional piensa al mundo con relación al porvenir o lo que es igual, el desarrollo científico tecnológico es en principio garante de la perfectibilidad del hombre y de la sociedad. Los obstáculos de la marcha infinita hacia el progreso son la naturaleza misma, la superstición y la religión.

    Ahora bien, según el pensamiento decimonónico, el logro de tal perfectibilidad se lograría gracias a la modernización, concepto que da cuenta del aspecto desarrollista de la modernidad o si se prefiere de la cara faústica de la época.

    Si partimos entonces del mismo título de la obra que centralmente nos ocupa, Sarmiento menciona en la primera edición dos elementos que luego desarrolla Civilización y barbarie, y como subtítulo, Vida de Facundo Quiroga. Así entonces, destaca primero el carácter antitético de la sociedad argentina y luego presenta a un exponente arquetípico del segundo elemento de la oposición.

    Por otra parte aunque complementario de lo anterior, el pensamiento moderno en su registro iluminista se caracteriza por lo que Giddens llama historicidad radical, esto es en ajustada síntesis, que el cuerpo conceptual de la epistemología moderna está en el tiempo lo cual significa para el caso particular de la historia que el significado del pasado y del presente está dado por el sentido que le otorgamos al futuro.

    Para Sarmiento, entonces, la historia social -si se quiere- de la Argentina, es el resultado del conflicto entre dos ideologías, "...entre dos etapas distintas de su evolución social: civilización y barbarie" como dice Ingenieros.

    Civilización es entonces en Facundo la vida urbana, la modernidad, al fin la sociedad. Mientras que la barbarie, a la que presta mayor atención en el análisis, la vida rural. Dice Rest al respecto:

...Facundo, concebido con la pasión ascética de quien quiere comprender su propio país sin contar con elementos ya incorporados a una larga tradición exegética, se vió en la necesidad de reducir a formulaciones elementales la complejidad de los factores que deben tomarse en cuenta para trazar las coordenadas de una comunidad. Debió simplificar, tratando de que los términos de su simplificación fueran lo más adecuados posibles. La simplificación, en sí misma se le revelaba imperiosa, ineludible. ¿Por qué? Porque percibía que solo podría superarse acudiendo al medio heroico de esquematizar en sus términos más rudimentarios el enredado cuadro de las fuerzas en pugna. 

    Los polos, entonces, civilización y barbarie, dependen de condiciones geográficas y sociales diferentes; las ciudades se europeízan, se aburguesan, mientras las campañas, por su organización social y por la mentalidad de sus habitantes, se conservan coloniales.

     Es cierto que Sarmiento, al analizar los polos, estableció juicios de valor, pero no se limitó a ello, sino que desmenuzó el carácter de ambas caras y convalidó ambas ideologías, como resultado de un irreversible proceso histórico. Por otra parte la modernidad en el registro de la sociología significa precisamente la transición de la forma comunidad a la forma sociedad que es producto de la creciente complejidad entendiendo esto último como diversidad funcional.

    Pese a que Sarmiento optó por el ethos de la civilización, no escatimó esfuerzo alguno para comprender y explicar la barbarie, aunque para él fuera imposible construir con esta última un país moderno, de acuerdo a su deseo, en coincidencia con lo que parecía inevitable en las circunstancias del mundo contemporáneo. Señalo además que el pensamiento de la época, exceptuando a los conservadores, tiene carácter urbano y que el campo es asimilado a lo retrógrado. Así por ejemplo, Marx, en el mismo año de Facundo, recordemos 1845, escribe en La ideología alemana: 

    La más importante división del trabajo físico y espiritual es la separación de la ciudad y el campo. La contradicción entre el campo y la ciudad comienza con el tránsito de la barbarie a la civilización, del régimen tribual al Estado, de la localidad a la Nación, y se mantiene a lo largo de toda la historia de la civilización hasta llegar a nuestros días.

    Y agrega:

    Con la ciudad aparece, al mismo tiempo, la necesidad de administración, de la policía, de los impuestos, etc., en una palabra, del régimen colectivo y, por tanto, de la política en general. Se manifiesta aquí por primera vez la población en dos grandes clases, basado en la división del trabajo y en los instrumentos de producción. La ciudad es ya obra de la concentración de la población, de los instrumentos de producción, del capital, del disfrute y de las necesidades, al paso que el campo sirve de exponente al hecho contrario, al aislamiento y la soledad.

    Se observa una vez más que la frontera del pensamiento social decimonónico es permeable. Así, en esta afirmación de Marx aparecen elementos evolucionistas que emparientan a Marx con el positivismo.

    Por su parte, Sarmiento en el Facundo, describe los dos polos de la contradicción señalada más arriba por Marx, civilización y barbarie de la siguiente manera:

    La ciudad es el centro de la civilización argentina, española, europea; allí están los talleres de las artes, las tiendas del comercio, las escuelas y colegios, los juzgados, todo lo que caracteriza a los pueblos cultos.

Y agrega:

    La elegancia de los modales, las comodidades del lujo, los vestidos europeos, el frac y la levita tienen allí su teatro y su lugar conveniente. No sin objeto hago esta enumeración trivial. La ciudad capital de las provincias pastoras existe algunas veces ella sola, sin ciudades menores, y no falta alguna en que el terreno inculto llegue hasta ligarse con las calles. El desierto las circunda a más o menos distancia: las cerca, las oprime; la naturaleza salvaje las reduce a unos estrechos oasis de civilización, enclavados en un llano inculto, de centenares de millas cuadradas, apenas interrumpido por una que otra villa de consideración. Buenos Aires y Córdoba son las que mayor número de villas han podido echar sobre la campaña, como otros tantos focos de civilización y de interés municipales; y este es un hecho notable.

    Entonces, esta realidad civilizada, se opone a la realidad bárbara, a la que al describir dice:

...la necesidad de manifestarse con dignidad, que se siente en las ciudades, no se hace sentir allí, en el aislamiento y la soledad. Las privaciones indispensables justifican la pereza natural, y la frugalidad en los goces trae, en seguida, todas las exterioridades de la barbarie. La sociedad ha desaparecido completamente; queda solo la familia feudal, aislada, reconcentrada; y no habiendo sociedad reunida, toda clase de gobierno se hace imposible, la policía no puede ejercerse y la justicia civil no tiene medios de alcanzar a los delincuentes.

    Sarmiento anticipa aquí de manera asistemática la diferencia que la sociología establece desde Tönnies entre comunidad y sociedad recién en 1887. Por otra parte la sociología a diferencia de la ilustración y del racionalismo trata de encontrar explicaciones del orden social explorando aquellos elementos no racionales que los constituyen o si se quiere la sociología es una ciencia que explora sobre las diversas condiciones de racionalidad. Sarmiento en tal sentido evoca en el comienzo el valor exegético del saber bárbaro y dice:

    Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que, sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo.

    El personaje entonces deja de ser mítico para formar parte de los hechos, un emergente social que conoce la llave para penetrar en la "vida secreta". Y si el positivismo fundante de la sociología, por definición, no da cabida a las construcciones especulativas, ni a elaboraciones apriorísticas para apoyarse sobre datos asequibles a nuestra inteligencia, al tiempo que es sistemático y determinista, cabe entonces la siguiente afirmación de Sarmiento:

    Necesitase, empero, para desatar este nudo que no ha podido cortar la espada, estudiar prolijamente las vueltas y revueltas de los hilos que lo forman, y buscar en los antecedentes nacionales, en la fisonomía del suelo, en las costumbres y tradiciones populares, los puntos en que están pegados.

    Sarmiento piensa también en la posibilidad como lo piensa el socialismo utópico y luego el positivismo en la existencia de algún saber científico para resolver el interrogante o volviendo sobre la metáfora, "desatar el nudo que no ha podido cortar la espada". En una cita nuevamente de José Ingenieros leemos lo siguiente:

    Un sociólogo -dice Sarmiento- que hubiese llegado a penetrar en el interior de nuestra vida política, premunido del conocimiento de las teorías sociales; "hubiérase explicado el misterio de la lucha obstinada que despedaza a la república; habría clasificado los elementos contrarios, invencibles que se chocan; hubiera asignado su parte a la configuración del terreno y a los hábitos que ella engendra; su parte a las tradiciones españolas y a la conciencia nacional íntima, plebeya, que ha dejado la Inquisición y el absolutismo hispano; su parte a la influencia de ideas opuestas que han trastornado al mundo político; su parte a la barbarie indígena; su parte a la civilización europea; su parte, en fin, a la democracia consagrada por la revolución de 1810, a la igualdad, cuyo dogma ha penetrado hasta las capas inferiores de la sociedad".

    En realidad Sarmiento no dijo que la Argentina necesitara un sociólogo. La necesidad de un sociólogo es una síntesis optimista que hace Ingenieros de la primera parte de la cita del Facundo, la que en realidad dice lo siguiente:

    A la América del Sur en general, y a la Argentina sobre todo le ha hecho falta un Tocqueville, que, premunido del conocimiento de teorías sociales, como el viajero científico de barómetros, octantes y brújulas, viniera a penetrar el interior de nuestra vida política y aún no explorado ni descrito por la ciencia, y revelase a la Europa, a la Francia tan ávida de bases nuevas en la vida de las diversas porciones de la humanidad, este nuevo modo de ser, que no tiene antecedentes bien marcados y conocidos.

    Ingenieros, resume la primera parte de la cita que corresponde a esta última, afirmando que Sarmiento dice: "un sociólogo" y luego sigue adelante con la cita correspondiente a Facundo que se lee mas arriba, cuando cito a Ingenieros. Pero, aunque Sarmiento no haga alusión directa a la necesidad de "un sociólogo", Ingenieros deduce, y deduce bien, que Sarmiento deseaba un sociólogo en aquella afirmación, aunque no lo explicite; porque, no es en "Tocqueville" donde está el nudo de la afirmación, sino en la necesidad de conocimiento de las teorías sociales y en el carácter científico de las mismas. Carácter que se acentúa, con la utilización de la metáfora: "barómetros, octantes y brújulas". Recordemos por otra parte, que la intención de explicar la moral reduciéndola a ciencia demostrativa se remonta a los mismos orígenes de la modernidad de la mano de los filósofos contractualistas, iusnaturalistas.

    Recuerdo aquí que la nueva ciencia -sociología- debía construirse siguiendo el modelo de la ciencia natural y que para el positivismo, no hay otro saber que el científico, y cualquier presunto género de conocimiento, que no responda al tipo de normatividad metodológica, o no responda al modelo lógico-estructural de aquel, carece de sentido.

    Podemos pensar entonces, en que Sarmiento intuye algo acerca del objeto de estudio y al criterio metodológico de la nueva ciencia, y si a la Argentina le hace falta un "Tocqueville" según Sarmiento, o un "sociólogo", según el entusiasmado Ingenieros, Sarmiento habla de sí mismo. Decimos esto porque cuando se refiere a quien debería realizar el trabajo, traza al tiempo los pasos de la propia investigación, que luego irá desarrollando. Así, define primero el modelo, luego las etapas que pueden quedar esquematizadas así:

    A. Objetivo: Explicar la causa de la lucha obstinada.

    B. Clasificación de los elementos contrarios.

    C. Señalamiento de los determinantes:

    C.1. Configuración del terreno y los hábitos que ella engendra.

    C.2. Tradiciones españolas.

    C.3. Conciencia nacional.

    Ahora bien los ejemplos paradigmáticos que hemos tomado, recordemos: La ética protestante y el espíritu del capitalismo y El manifiesto comunista, se caracterizaron por la búsqueda de una explicación al tiempo que se interrogan sobre las transformaciones de la subjetividad en la modernización capitalista. No obstante, el escepticismo sobre el futuro por parte del primero es diferente del optimismo que comparten Marx y Sarmiento acerca de las bondades del capitalismo para producir transformaciones. Así los textos modernistas se caracterizan por oscilar entre estas dos posturas que por otra parte se han combinado de manera diversa en la búsqueda de la esencia de la condición humana en la modernidad.  

    Acoto aquí, una cita de Alberto Palcos, a propósito de una crítica que oportunamente formulara Alsina al Facundo quien dice encontrarlo "propenso a los sistemas" y agrega:

...en las ciencias sociales como en las naturales, no son el mejor medio de arribar al descubrimiento de la verdad, ni al recto examen, ni a la veraz exposición de ella. 

    Compartiendo o no la opinión de Alsina, en cuanto a la manera de arribar al "descubrimiento de la verdad", subrayo el reconocimiento acerca de la existencia en Facundo, de un criterio sistemático para las ciencias sociales. Y es cierto, Sarmiento desde el inicio del texto se siente inclinado a sistematizar e intenta hacerlo a lo largo del trabajo. En el comienzo, por ejemplo, cuando quiere explicar el porqué de las luchas obstinadas, parte de las relaciones constantes existentes entre los fenómenos observados; así: Después de este plan [...] nos ofrece el estudio de la anarquía argentina y el caudillismo, en su ambiente cósmico y social.... Es decir, trazados los presupuestos metodológicos, se interna en los hechos a analizar. Ya en su título el primer capítulo da por sentado el factor físico como determinante del carácter, los hábitos y las ideas, recuerdo: "Aspecto físico de la República Argentina y caracteres, hábitos e ideas que engendra". Agrego aquí, que según Comte por ejemplo, la diversidad de la humanidad es expresada por tres factores, a saber: raza, clima y acción política, y que cada sociedad, para él, en el aspecto geográfico debió superar obstáculos y circunstancias más o menos favorables que hasta cierto punto explican la diversidad evolutiva.

    Sarmiento entonces, luego de describir al continente americano y la ubicación de la Argentina es definitivo cuando afirma que:

    El mal que aqueja a la Argentina es la extensión: el desierto...

    Señalado el obstáculo, las circunstancias las constituyen la constante amenaza y asechanza del salvaje; dice:

    Al sur y al norte, aséchanla los salvajes, que aguardan las noches de luna para caer, cual enjambre de hienas, sobre los ganados que pacen en los campos y sobre las indefensas poblaciones.

    Y agrega:

    Esta inseguridad de vida , que es habitual y permanente en las campañas imprime, a mi parecer, en el carácter argentino, cierta resignación estoica para la muerte violenta, que hace de ella uno de los percances inseparables de la vida, una manera de morir como cualquier otra, y puede, quizá, explicar en parte, la indiferencia con que dan y reciben la muerte, sin dejar en los que sobreviven, impresiones profundas y duraderas.

    Así definido el obstáculo y las circunstancias, pueden las últimas afirmaciones sintetizarse en una fórmula determinista de cuño positivista y decir que: El obstáculo, para el caso el desierto, sumado a la circunstancia que aquí es la asechanza del salvaje, determinan un carácter, esto es; cierta resignación estoica. Dicha fórmula determinista puede completarse con la siguiente afirmación de Sarmiento que dice:

    La parte habitada de este país privilegiado en dones, y que encierra todos los climas, puede dividirse en tres fisonomías distintas, que imprimen a la población condiciones diversas, según la manera como tienen que entenderse con la naturaleza que la rodea. Al norte confundiéndose con el Chaco, un espeso bosque cubre, con su impenetrable ramaje, extensiones que llamaríamos inauditas, si en formas colosales hubiese nada inaudito en toda la extensión de la América. Al centro, y en una zona paralela, se disputan largo tiempo el terreno, la pampa y la selva domina en partes el bosque, se degrada en matorrales enfermizos y espinosos; presentase de nuevo la selva, a merced de algún río que la favorece, hasta el fin, al sur, triunfa la pampa y ostenta su lisa y velluda frente, infinita, sin límite conocido, sin accidente notable; es la imagen del mar en la tierra como en el mapa; la tierra aguardando todavía que se le mande producir las plantas y toda clase de simiente.

    El destino de la comunidad entonces está ligado a la manera de entenderse con la naturaleza, según sea la suerte en la superación del obstáculo.

    Señalamos también que la descripción geográfica de la Argentina se combina con la búsqueda de una explicación secular. Apuesta también Sarmiento a la transformación de la naturaleza potenciando al máximo la puesta en forma de la subjetividad pues el progreso no eso más que la subjetividad saliendo de la especulación y poniéndose en acto. Es decir y de una manera fáustica el pensamiento puede ser mañana una ciudad. Desde luego que la de Sarmiento no es una mera curiosidad, sino que va proponiendo, a lo largo de la exposición, las posibilidades de transformación del desierto. Dice por ejemplo:

...el favor más grande que la Providencia depara a un pueblo, el gaucho argentino lo desdeña, viendo en él, más bien, un obstáculo opuesto a sus movimientos, que el medio más poderoso de facilitarlos: de este modo, la fuente de engrandecimiento de las naciones, lo que hizo la celebridad remotísima del Egipto, lo que engrandeció a Holanda y es la causa del rápido desenvolvimiento de Norteamérica, la navegación de los ríos o la canalización, es un elemento muerto, inexplorado por el habitante de las márgenes del Bermejo, Pilcomayo, Paraná y Uruguay.

    Sarmiento en el Facundo, como Comte, en el Système de politique positive interpretó la diversidad de las razas humanas atribuyendo a cada una el predominio de ciertas disposiciones, dice Sarmiento:

    La raza negra casi extinta - excepto en Buenos Aires- ha dejado sus zambos y mulatos, habitantes de las ciudades, eslabón que liga al hombre civilizado con el palurdo; raza inclinada a la civilización dotada de talento y de los más bellos instintos de progreso.

    Más definitivo es respecto del negro cuando dice:

    Felizmente, las continuas guerras han terminado con la parte masculina de esta población que encontraba su patria y su manera de gobernar, en el amo a quien servía. (Se refiere al Africa y a Rosas respectivamente. N. del A.).

    La raza negra, queda entonces ligada al atraso, como en la Ley de los tres estadios de Comte ocupa el estado más primitivo (fetichismo) del estadio primero o teológico-militar.

    Dice además Sarmiento, al relacionar el determinante de la raza con el medio geográfico, lo siguiente:

    Las razas americanas viven en la ociosidad, y se muestran incapaces, aún por medio de la compulsión, para dedicarse a un trabajo duro y seguido. Esto sugirió la idea de introducir negros en América, que tan fatales resultados ha producido. Pero no se ha mostrado mejor dotada de acción la raza española, cuando se ha visto en los desiertos americanos abandonada a sus propios instintos.

    Sería un tema digno de ser desarrollado de manera específica la cuestión del racismo en el pensamiento moderno pero podemos convenir que se trata de un contenido que abarca a la modernidad de una manera generosa y que Foucault nos enseñó a mirar sobre el conjunto de nuestra tradición judeo cristiana. Pero esto es otra historia.

    Por otra parte es posible observar el lema comteano de Orden y Progreso, que corresponden a los elementos estático y dinámico de la sociología de Comte, en los siguientes párrafos de Facundo. Dice Sarmiento:

    La tribu árabe, que vaga por las soledades asiáticas, vive reunida bajo el mando de un anciano de la tribu o un jefe guerrero; la sociedad existe, aunque no esté fija en un punto determinado de la tierra; las creencias religiosas, las tradiciones inmemoriales, la invariabilidad de las costumbres, el respeto a los ancianos, forman reunidos un código de leyes, de usos y de prácticas de gobierno, que mantienen la moral, tal como la comprenden, el orden y la asociación de la tribu.

    Y agrega:

    Pero el progreso está sofocado, porque no puede haber progreso sin la posesión permanente del suelo, sin la ciudad, que es la que desenvuelve la capacidad industrial del hombre y le permite extender sus adquisiciones.

    Por lo tanto, el orden está constituido por los elementos estáticos, según Sarmiento: creencias religiosas, código de leyes, prácticas de gobierno, que confluyen en el orden y la asociación de la tribu. Pero, para que se realice el progreso se necesitan los elementos dinámicos, para el caso: la industria y la ciudad.

    Sarmiento incorpora también en su análisis a la poesía, como resultado del carácter que engendra el ámbito físico y dice:

    Del centro de estas costumbres y gustos generales se levantan especialidades notables, que un día embellecerán y darán tinte original al drama y al romance nacional. Yo quiero solo notar aquí algunas que servirán a completar la idea de las costumbres, para trazar en seguida el carácter, causas y efectos de la guerra civil.

    Identificados luego con su medio; el rastreador, el baquiano, el gaucho malo, el cantor, como emergentes sociales utilizados por Sarmiento para revelar las costumbres nacionales y el carácter de la lucha social en la Argentina, define al caudillo en tanto:

...reflejo vivo de la situación interior del país.

    Y agrega que para el caudillo:

    El individualismo constituía su esencia...

    Individualismo que se opone a la idea de sociedad que nos recuerda nuevamente al positivismo de Comte en su faceta antiindividualista. Mientras que la idea positivista de armonización individuo-sociedad resulta imposible en la inmensidad del desierto que estimula el nomadismo.

    Sarmiento, al comenzar el capítulo: "Vida de Juan Facundo Quiroga", describe un episodio entre Facundo y un tigre, en el que el caudillo logra escapar de la fiera y darle muerte. Vuelve aquí a llevar a cabo una comparación de factura positivista y concluye diciendo que no es casual que a Facundo lo llamen el "tigre de los llanos". Comparación que apoya "científicamente" con la siguiente afirmación:

    También a él lo llamaron tigre de los llanos, y no le sentaba nada mal esta denominación, a fe. La frenología y la anatomía comparada han demostrado en efecto, las relaciones que existen en las formas exteriores y las disposiciones morales, entre la fisonomía del hombre y de algunos animales, a quienes se asemeja en su carácter".

    Recuerdo aquí, que la frenología fue una hipótesis de Francisco José Gall (1758-1828), quien consideró al cerebro como un agregado de órganos, a cada uno de los cuales corresponde una diversa facultad intelectual, afectiva e instintiva, que se puede determinar por los relieves del cráneo. Dice Sarmiento:

    La estructura de su cabeza revelaba, sin embargo, bajo esta cubierta selvática, la organización privilegiada de los hombres nacidos para mandar.

    Facundo Quiroga, explica entonces el carácter de la lucha, si se buscan además los antecedentes psicológicos en la niñez del caudillo, señalando además que el impulso de su lucha contra el Gobierno era:

...un instinto ciego, indefinido, y obedecía a él...

    Introduce una variable -si se quiere- psicológica social cuando dice:

...Facundo no es cruel, no es sanguinario; es el bárbaro no más, que no sabe contener sus pasiones, y que una vez irritadas, no conocen freno ni medida; es el terrorista que a la entrada de una ciudad fusila a uno y azota a otro, pero con economía, muchas veces con discernimiento.  

    Y, desde la mirada sociológica se trata, Facundo, de un emergente social; dice Sarmiento:

...Facundo Quiroga es el núcleo de la guerra civil de la República Argentina y la expresión más franca y candorosa de una de las fuerzas, que han luchado con diversos nombres durante treinta años. La muerte de Quiroga no es un hecho aislado ni sin consecuencias; antecedentes sociales [...], lo hacían casi inevitable: era un desenlace político, como el que podría haber dado una guerra".

    La descripción que hace Sarmiento de los personajes, cuestionan las visiones tradicionales. En tal sentido revisa las apreciaciones sobre Bolívar o San Martín, porque entiende que forman parte de los hechos, de los fenómenos, y es posible entonces establecer diferencias, rasgo esencial de la modernidad. Dice entonces de Simón Bolívar:

    En la Enciclopedia Nueva he leído un brillante tratado sobre el general Bolívar, en el que se hace de aquel caudillo toda la justicia que merece por sus talentos y por su genio; pero en esta biografía, como en todas las otras que de él se han escrito, he visto al general europeo, los mariscales del Imperio, un Napoleón menos colosal; pero no he visto al caudillo americano, al jefe de un levantamiento de las masas; veo el remedo de la Europa, y nada me revela la América.

    Al tiempo que dice de San Martín lo siguiente:

    San Martín no fue el caudillo popular; era realmente un general. Habíase educado en Europa y llegó a América, donde el Gobierno era revolucionario, y podía formar a sus anchas el ejército europeo, disciplinado y dar batallas regulares, según las reglas de la ciencia. Su expedición sobre Chile es una conquista en regla, como la de Italia por Napoleón. Pero si San Martín hubiese tenido que encabezar montoneras, ser vencido aquí, para ir a reunir un grupo de llaneros por allá, lo habrían colgado a su segunda tentativa.

    Si para Sarmiento coherente con la lógica del Facundo, los personajes se explican en su medio, dice:

    Razones de este género me han movido a dividir este precipitado trabajo en dos partes: la una en que trazo el terreno, el personaje, el teatro sobre que va a representar la escena; la otra en que aparece el personaje, con su traje, sus ideas, su sistema de obras; de manera que la primera está ya revelando a la segunda sin necesidad de comentarios ni explicaciones.

    En cuanto a la apreciación sociológica de Facundo, aparecen además otros elementos que analizo a propósito de la siguiente cita:

    Facundo Quiroga , empero es el tipo más ingenuo del carácter de la guerra civil de la República Argentina; es la figura más americana, que la revolución presenta. Facundo Quiroga enlaza y eslabona todos los elementos de desorden que hasta antes de su aparición estaban agitándose aisladamente en cada provincia; el hace de la guerra total, la guerra nacional, argentina, y presenta triunfante, al fin de diez años de trabajos, de desvastaciones y de combates, el resultado de que sólo supo aprovecharse el que lo asesinó. He creído explicar la revolución argentina con la biografía de Juan Facundo Quiroga, porque creo que él explica suficientemente una de las tendencias, una de las dos fases diversas que luchan en el seno de aquella sociedad singular.

    Aparecen aquí, dos cuestiones que queremos destacar:

    Primero: Facundo Quiroga aparece como figura sintetizadora, aglutinante. Esta idea ya había sido expuesta por Sarmiento el 23 de febrero de 1843 en un artículo de Progreso en Chile y dice así:

    La Historia moderna presenta dos tipos, Cronwell i Napoleón, de los hombres en que se vienen a encausar los principios i los elementos sociales que causan las revueltas y las contradicciones de intereses que constituyen la atmósfera de la vida social; equilibrio roto por el tiempo, i que el desenvolvimiento de las partes de la sociedad que antes no tenían peso para figurar en él, hace necesario organizar de nuevo. Todos los pueblos se organizan según la época en que viven; pero esta época pasa, le sucede otra más adelantada, otra en que nuevos principios i nuevas cosas, nuevos hombres i nuevas ideas piden la parte que les corresponde. Aquí empieza la lucha entre la parte que posee y la parte que solicita. Aquí empiezan las pasiones, los odios, las tentativas, la lucha en fin. Estas tentativas de cambio se organizan poco a poco; de principios pasan a ser ejércitos; de ejércitos pasan a ser gobierno i poder. La necesidad del ataque i de la defensa, va concentrando lenta e insensiblemente todos los intereses de la acción i de la reacción en una mano, así es que apenas se realiza el triunfo de alguna de las dos fracciones contendientes, se ve surgir un hombre poder en quien vienen a encarnarse todos los elementos de acción i todas las ideas que desparramadas en el sentir jeneral de la época dieron principio al choque. Por esto es que todas las revoluciones acaban de llevar un dominador, es decir, un hombre centro, que resume i reduce a poder real todos esos principios e intereses que empezaron como teorías a atacar a los poderes preexistentes. He aquí por qué dominó Napoleón; he aquí por qué dominó Cronwell.

    Este último párrafo recuerda a la lectura que hace Gramsci de El príncipe de Maquiavelo:

    El príncipe de Maquiavelo podría ser estudiado como una ejemplificación del "mito" soreliano, es decir, de una ideología política que no se presenta como una fría utopía, ni como una argumentación doctrinaria, sino la creación de una fantasía concreta que actúa sobre un pueblo disperso y pulverizado para suscitar y organizar su voluntad colectiva.

    Segundo: Facundo Quiroga expresa uno de los polos antitéticos de la sociedad argentina, cuya bipolaridad ya fue descrita. Pero agregamos, que la idea de Sarmiento del carácter antitético de las sociedades en general, aparece (como se ve más arriba), antes del texto en cuestión y opera sobre éste dentro del marco teórico. Agrego que también hace mención, con aire saintsimoniano, a la lucha entre la parte que posee y la parte que solicita, cinco años antes del Manifiesto Comunista.

    Sintetiza Sarmiento su idea acerca del significado del personaje aglutinante al decir:

...un caudillo que encabeza un gran movimiento nacional, no es más que el espejo en que se reflejan, en dimensiones colosales, las creencias, las necesidades, preocupaciones y hábitos de una época dada de la historia.

    También Rosas es explicado como un emergente social y Sarmiento se permite incluso establecer una ley y dice:

    Hay un momento fatal en la historia de todos los pueblos y es aquel que ya cansados los partidos de luchas, piden ante todo, el reposo, de que por largos años han carecido aún a expensas de la libertad, o de los fines que ambicionan; este es el momento en que se alzan los tiranos que fundan dinastías e imperios.

    Vuelve a emplear con Rosas el método comparativo. Caracteriza el personalismo de su gobierno y lo explica como una prolongación de la estancia. También rastrea en la infancia del Restaurador las variables psicológicas que determinan su comportamiento presente.

    Ahora bien si la modernidad es un tiempo histórico de tres dimensiones institucionales que son: el capitalismo, la industria y el estado monopólico de la fuerza sobre un territorio veamos lo significativa que resulta la cita siguiente a propósito del tercer elemento indicado. Dice Sarmiento:

    "Pero no se vaya a creer, que Rosas no ha conseguido hacer progresar la República que despedaza , no; es un grande y poderoso instrumento de la Providencia, que realiza todo lo que al porvenir de la patria interesa. Ved como. Existía antes de él y de Quiroga, el espíritu federal en las provincias, en las ciudades, en los federales y en los unitarios mismos; el lo extingue, u organiza en provecho suyo, el sistema unitario que Rivadavia quería en provecho de todos. Hoy todos esos caudillejos del interior, degradados, envilecidos, tiemblan de desagradarlo y no respiran sin su consentimiento. La idea de los unitarios está realizada; sólo está de más el tirano; el día que un buen Gobierno se establezca, hallará las resistencias locales vencidas y todo dispuesto para la unión".

    Recordemos que el Estado Nacional en la Argentina recién se consolida como tal a partir del Golpe de Estado de 1930. Es decir un Estado que reclama con éxito el monopolio legítimo de la fuerza sobre un territorio, siguiendo a Weber recién es posible hablar en la Argentina a partir de aquél acontecimiento. Pero lo significativo está en el recurso carismático previo a la organización del Estado Nacional que para Sarmiento expresa Rosas.

    Y para concluir decimos que si es posible advertir entonces entre otros elementos del pensamiento moderno señalados la presencia de elementos de factura positivista recuerdo aquí que Comte no organiza al positivismo como instrumento sistemático de exploración. Recién en 1863, Hippolite Taine lo da a conocer en el prólogo a su Historia de la Literatura Inglesa. Sarmiento entonces, escribe Facundo, dieciocho años antes de que se formule la metodología positivista para indagar la historia de una sociedad, lo cual constituye una anticipación de las ideas que tendrían por objeto desentrañar la faculté maitresse -el carácter dominante- de la vida social, revelada a través de los mismos elementos que tomaría en consideración ulteriormente Taine, a saber: ámbito físico, caracteres humanos, manifestaciones gregarias fundamentales y su gravitación en la organización política y comunitaria.

    Un hombre hablando sólo camina entre las hogueras que iluminan la apestada noche porteña, en compañía de los pobres que son los únicos que quedan en la Ciudad ya que los ricos habituados en la Argentina a escapar del peligro huyen esta vez de la fiebre amarilla para instalarse en la estancia. Imagino entonces a un presidente, caminando entre los pobres y pensando en voz alta en la modernidad. Pienso entonces en un hombre al que no puedo dejar de querer a partir de haber comprendido que aquello que cantamos cuando chicos y que se refería a la razón en la noche de ignorancia significaba al fin la modernidad donde la razón vence al destino al menos modernos al fin, por definición.

Buenos Aires 14 de agosto de 2000.

 


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